¡Un mes!
Pasan los días y mi dolor, lejos de disminuir, es más fuerte. Quisiera contarte muchas cosas, pero no estás para escucharlas. ¿Por qué te fuiste así, sin que nada pudiera hacer para evitarlo? Ahora sólo encuentro silencio, ausencia. Te echo de menos y te necesito. No sé si llegaste a saber cuánto te quise. Y cuánto sigo queriéndote.
Nunca, en mi vida, he pasado tanto tiempo sin hablar contigo. Sin verte, sí. Cuando me fui a Francia. Pero, de un modo u otro, siempre me las arreglaba para hablar contigo. Ni una semana podía pasar sin contarte mis cosas y escuchar las tuyas. Siempre recordaré el día que me llegó la carta donde me notificaban que había sido seleccionada para irme aquel curso a Francia. Tenías los ojos rojos, habías llorado mucho, por la pena de estar un año sin mí, pero tenías el sobre apoyado en una botella de cava junto a unas flores y fuiste capaz, a pesar de tu dolor, de compartir conmigo la alegría. Ésa era tu condición: siempre pensando en los demás por encima de tus deseos, de tus intereses, de tus sentimientos.
¡Un mes ya! Una noche como ésta te fuiste a dormir y por la mañana, ya no estabas.
Todos me aconsejan que recuerde los buenos momentos, y han sido tantos… los tengo en la memoria grabados a fuego, pero siempre, de modo recurrente, se superpone una imagen que quisiera borrar de mi mente. Y hace mucho daño.
Ir a tu casa. Abrir armarios, decidir qué hacer con las cosas, los recuerdos, los regalos que has acumulado durante una vida. Quisiera guardarlo todo, mantener intacto todo como tú lo dejaste. Y cada vez que entro en tu dormitorio creo que voy a volver a verte como te encontré. Y, al mismo tiempo, si suena el teléfono a tus horas siempre pienso: «ahí está mamá»: cuando sabías que ya había vuelto de llevar a Irene al cole, por la noche, cuando tenía que decirte que te llamaba yo, porque iba a acostarla. Y a deshoras, cuando se te ocurría algo que contarme. Paso junto a la cafetería donde desayunabas con tus amigas, y donde, cuando podía, me acercaba a verte y a darte un beso, y siempre insistías en que me tomara un café con vosotras, y yo lo rechazaba, porque ya había desayunado, aunque me sentaba a charlar un rato si no tenía mucha prisa. No quiero mirar aunque a veces, me hago ilusiones de que vas a estar sentada en tu sitio. La primera, porque eras puntual.
Cuando venías a casa, y a pesar de tener siempre las llaves contigo, llamabas a la puerta. ¿Por discreción? ¿Por no molestar?
Escribo a golpe de sentimientos, desorganizada… La cabeza me da vueltas y no me deja dormir. Estaba llorando en la cama y he despertado a Manolo, por lo que me he venido aquí, a hablar contigo. Y te diría, como en mis últimos sueños, cuando te veo reaparecer aunque para los demás seas invisibles: «Esto no va a volver a pasar, porque ya no voy a separarme de ti ni un minuto». Ojalá estuviera en mis manos.

Filmar el miedo
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Fernando Savater |
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| 23 de abril de 2008 | ||
| A pesar de que el tema se presta al tipo de emoción más cinematográfica, no existen todavía películas relevantes (ni siquiera irrelevantes) sobre la opresión etarra en el País Vasco. Me refiero a obras de ficción, naturalmente: en el terreno de los documentales los hay excelentes, como los dirigidos por José Antonio Zorrilla, Elías Querejeta o Iñaki Arteta (su última obra, El infierno vasco, está ya concluida y a la espera de lo más difícil, lograr estrenarla). Pero aún falta un filme sobre el tema equivalente a Missing, El pianista o La vida de los otros. Es decir, una dramatización del miedo de casi todos y de la sórdida complicidad de los más viles como la que han realizado ejemplarmente en el terreno literario Raúl Guerra Garrido (La carta) o Fernando Aramburu (Los peces de la amargura).Falta una película sobre la opresión etarra en el País Vasco equivalente a ‘Missing’
Se han hecho películas acerca de nuestro euskoterrorismo, desde luego, pero principalmente centradas en los etarras y nunca en sus víctimas. Cuentan por lo general los problemas de conciencia de los terroristas, la pugna entre los más fanáticos y los que sienten ciertos remordimientos, sus enfrentamientos con las fuerzas del orden (cuyos representantes a menudo aparecen retratados de manera aún menos piadosa que sus adversarios), sus dificultades para abandonar la violencia, etcétera. Algunas de ellas son ciertamente apreciables, como las de Imanol Uribe (La muerte de Mikel, Días contados). Según mi indocto criterio, quizá la mejor sea precisamente una de las menos conocidas, El viaje de Arián, dirigida por Eduard Bosch y muy bien interpretada por Ingrid Rubio y Silvia Munt. ¿Por qué no son más abundantes y, sobre todo, por qué no se ocupan más de la sociedad atacada en lugar de preferir como protagonistas a los atacantes? Una primera razón es el triste glamour que nimba por lo general a los violentos a costa de quienes padecen la violencia: como nos han enseñado Tarantino y Oliver Stone, los asesinos son interesantes y los asesinados casi siempre pánfilos o cobardicas. Por otro lado, está el canguelo de productores y distribuidores en cuanto se trata de filmar no sólo el terrorismo etarra, sino los efectos devastadores del nacionalismo radical en la comunidad. En este país no hay censura, como es sabido, y cualquiera puede ser héroe por un día denunciando sin riesgo la guerra de Irak, pero poner en solfa de veras al nacionalismo puede traerle a uno problemas: en las conferencias de la Universidad, en las salas de proyección y a la hora de las subvenciones locales. Además, se hace uno antipático: imagínense el rechazo que despertaría en la comunidad pseudo-progre del país una denuncia filmada de la actitud agachadiza de los intelectuales de izquierda frente al terrorismo los pasados años y su apoyo sectario a un proceso de paz del que sólo sabían que a lo mejor acababa exculpando su pasividad… De modo que bienvenida sea la honrada e incluso arriesgada película Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Aragón. Su argumento no trata, como hemos oído en ETB, de “un valiente gudari que pierde la memoria” (para que vean cómo está el patio); ni tampoco es sencillamente una denuncia de quienes no tienen cuajo cívico suficiente para enfrentarse con la amenaza terrorista, porque en efecto el heroísmo puede ser cualquier cosa menos obligatorio. Pero en cambio muestra con suficiente realismo la actitud de quienes en la falsa fraternidad tripera del vasquismo folklórico y gastronómico venden la solidaridad con el acosado por un plato de kokotxas: no es que sean incapaces de jugarse la vida, es que ni siquiera se arriesgan a perder el postre. Gutiérrez Aragón pudo palpar este ambiente mientras rodaba la película. Y podría ser precisamente ese rodaje, con sus defecciones y escaqueos, el argumento más revelador para su próximo filme… |
La calidez de nuestra bruja novata
Hoy leía la columna de Almudena Grandes de El País como suelo hacer habitualmente.
Almudena, siempre ha sido una escritora que me ha gustado por su naturalidad y simpleza a la
hora de escribir, además de ese tonillo irónico que emplea con perfección. Pero hoy al leer su
columna ha sido diferente. En la lejanía, parecía chirriar un disco de fondo parado de forma
brusca. He tenido que leer dos veces el relato para comprender que es lo que habrá visto la
columnista de El País durante el discurso de investidura de Rosa Díez que no había visto yo.
Su artículo comienza con el título: “Dos adjetivos”, referido a las palabras que utilizó Rosa Díez
al referirse al “famoso proceso de paz” cuando se dirigía al candidato socialista, José Luís
Rodríguez Zapatero.
Vayamos por partes. Almudena afirma que se ha sentido dolida ya que “unas comillas la han
hecho daño”, con esas comillas se refiere a que ella las pone por delante del discurso de Rosa,
ya que “sin ellas habría dudado de la veracidad de las palabras de Rosa Díez”. Hasta aquí, sin
duda, aunque pudiera debatirle con mil argumentos que no hacen falta comillas para ver a
Rosa como una persona sensata y sincera, con un discurso antipedagógico y antidemagógico,
respeto que cada uno tenga su opinión. Es más, me parece lógico que los políticos no nos
parezcan a ninguno: personas de bien, por muy buenos que algunos parezcan ser y por mucho
talante que parezcan tener.
Ahora viene una parte que también a mi me ha hecho sentir dolida, y lo peor Almudena, es
que las tuyas no van entre comillas. Textualmente la frase decía así: “(…) se presenta como un
espejo de ciudadanía mientras combina, con la irresponsabilidad de una bruja novata, los
instintos más bajos del electorado. Pero, con todo y eso, el otro día se pasó de la raya. (…)”
¿Los instintos más bajos de la ciudadanía, Almudena? Creo que te has pasado, hablando en
planta, tres pueblos. En primer lugar, no se puede llamar en ningún momento a temas de
interés común “instintos bajos” ya que puede que tus instintos, ubicados algo más allá de la
clase media, no se compaginen con los de los ciudadanitos de a pie, por lo cual me parece muy
sectario e inoportuno tu comentario. Por lo de bruja novata puedo perdonarte, pues dándole
la entonación adecuada, desde el respeto y sin el uso de acritud, puede parecer incluso bonito.
(Podemos compararlo por ejemplo con la ternura del film dirigido por Robert Stevenson en
1971…).
Tras esto, hace referencia nuevamente a las palabras pronunciadas por Rosa: “Disparatado e
inútil”, acusándola de que jamás se puede llamar así a un proceso de paz. Para mí tampoco
vale todo, Almudena. Creo que en esta afirmación vuelves a entrar en terrenos pantanosos ya
que es una opinión que no tienen dos o tres personas nada más. Y si nos ponemos
demagógicos también te diré que no solo la derecha o la izquierda se decantan por la otra
opción que a ti te parece aberrante.
Para algunos, el fin no justifica los medios. Los procesos de paz han de ser responsables,
hechos con cabeza, factibles y no entrar en los chantajes “emocionales”. Todo esto se violó
durante el anterior intento de “proceso de paz”. No podemos quedarnos en “¡qué bien que lo
intentamos ché!” sino en afirmar que no fue suficiente, además de ser anticonstitucional,
chabacano e inútil. Un proceso en el que ambos partidos han utilizado a las víctimas,
haciéndolo aún un espectáculo más lamentable. Además, se lo estás diciendo a alguien que ha
vivido durante toda la vida con escoltas y ha sometido a sus hijos a esa misma vida.
Ahora dos adjetivos para tu última columna Almudena: Desilusionante y sectaria.
Aurora García
Una vez más… con la crítica razonable.
Zapatero y la pedagogía social
Manuel Ruiz Zamora | Diario de Sevilla 18.04.2008 – 01:00
HA declarado el presidente Zapatero que con la composición del nuevo Gobierno ha querido hacer “pedagogía social”. Más allá del pleonasmo contenido en la expresión, es preciso decir que hay muchas formas de hacer pedagogía y formas de pedagogía muy diferentes, y que no todas ellas resultan beneficiosas por el mero hecho de serlo. Por ejemplo, se han denunciado en múltiples ocasiones los efectos letales que pueden tener los llamados programas del corazón. Esos programas son, no sé si de forma del todo involuntaria, realidades pedagógicas, pero dudo mucho que nadie en su sano juicio defienda sus contenidos para una razonable convivencia democrática.
Los rasgos que Zapatero destaca de su nuevo gabinete son, fundamentalmente, dos; a saber: que por primera vez hay en España un Gobierno con más mujeres que hombres, y que ese Gobierno incluye, asi- mismo, a la ministra más joven de nuestra historia. Así pues, predominancia de la mujer y presencia de la juventud. Ambas cosas pueden parecer en principio muy progresistas, pero como intentaremos demostrar sólo lo son dentro de un sistema ideológico que propone como tal cualquier cosa que él formule y como reaccionaria cualquier crítica que se le oponga.
Fue el pensamiento ilustrado el que estableció, a partir del elemento común de la razón humana, el principio de igualdad de todos los individuos, independientemente de su condición social, raza, sexo, etc. Ello significaba una rebelión, que se plasmó políticamente en las revoluciones francesa y americana, contra los privilegios de casta, de género, etc, los cuales se habían convertido en impedimentos insalvables para que las capacidades de aquéllos que estaban naturalmente mejor dotados pudieran contribuir al desarrollo de una sociedad más próspera, más libre y más justa. La igualdad era el principio que salvaguardaba que nadie pudiera aprovecharse de ninguna circunstancia que no fuera fruto de su esfuerzo, su talento y su trabajo. Desde ese paradigma, era progresista lo que contribuía a este ideal, y reaccionario lo que se le oponía.
Lo que se ha producido en los últimos años, principalmente por parte de la izquierda y de los nacionalismos, es una verdadera perversión de este sistema de valores, de tal forma (y tal es la pedagogía a la que se refiere Zapatero) que lo que se le está inculcando a la población es que lo resulta verdaderamente determinante no es el esfuerzo personal, la capacitación profesional o la aptitud para el cargo, sino simplemente la pertenencia a un grupo o categoría genérica. Las consecuencias de esta perversión igualitarista del principio de igualdad comienzan a notarse de forma particularmente acusada en los ámbitos de la enseñanza y de las administraciones públicas. En la primera, hay padres que se quejan ya de que sus hijos son conminados a no mostrar de forma demasiado desinhibida sus capacidades personales para no acomplejar a sus compañeros menos dotados. En la segunda, es cada vez menos difícil encontrar cargos directivos cuyos principales méritos son ser mujer, ser de Cádiz o pertenecer a alguna minoría que se sienta víctima de algún agravio histórico más o menos irreparable.
No obstante, lo peor de esta pedagogía, que alguien podría denominar ingeniería social, no estriba en ahogar la excelencia individual en un mar de ficciones platónicas, sino en permitir que bajo la sombra de éstas medren y se refugien individuos contrastadamente ineptos o incompetentes. Como prueba de ello baste el ejemplo de la ministra de Fomento (qué talante tan democrático revela el hecho de confirmar en su cargo a una ministra reprobada por el Senado de la nación), cuya escandalosa permanencia en el Gobierno ha quedado eclipsada por el hecho de ser andaluza y malagueña. Lo accidental sustituye a lo sustancial.
Tal vez, el día que se aplique esa otra pedagogía que sostiene que la única condición indispensable para ocupar un cargo es la valía personal y que ésta nada tiene que ver con consideraciones de sexo, raza o edad veremos a muchas mujeres excelsas ocupando el puesto de hombres incompetentes, a técnicos andaluces dirigiendo empresas catalanas o a jóvenes bien formados desplazando a arcaicos dinosaurios. La misión de la Administración debería ser velar precisamente para que dicho ideal se aplique de la forma más correcta posible, evitando toda posibilidad de discriminación, pues ésta se ejerce siempre sobre un individuo, no sobre un género, y es, por ello, intrínsecamente negativa, para ese individuo y para la sociedad que la permite. Ese día serán innecesarios organismos como ese Ministerio de Igualdad de resonancias inquietantemente orwellianas.
Dos + cinco adjetivos
Reproduzco íntegro el artículo de A. G. publicado ayer en El País Los comentarios entre paréntesis y en rojo, son míos:
ALMUDENA GRANDES
Dos adjetivos
Hoy me habría gustado escribir sobre frivolidades (una pena que no hayas decidido hacerlo ¿o al final sí lo has hecho y estás disimulando?, después de haber disfrutado con tu último libro, la decepción tras la lectura de un comentario tan poco serio, es enorme), porque el debate de investidura parecía proporcionar una coyuntura propicia a la relajación. Durante unos días, el paréntesis de serenidad que hemos vivido creaba la ilusión de que España es un país normal, con un Parlamento normal, en el que los ganadores ganan, los perdedores pierden y Bono dice misa. Menos da una piedra. Pero cuando me disponía a comentar la repentina tendencia de Rajoy a dejarse fotografiar con los brazos extendidos, como crucificado por las circunstancias, unas comillas me han hecho daño.
Pongo las comillas por delante, porque sin ellas habría dudado de la veracidad de las palabras de Rosa Díez, por más que ella nunca me haya inspirado el menor grado de simpatía, ni de confianza. Los ciudadanos, creo yo, todavía podemos aspirar a que los políticos aparenten ser personas decentes, y nadie capaz de rentabilizar sus derrotas personales reconvirtiéndolas en súbitas crisis de conciencia lo es. Menos aún cuando se presenta como un espejo de ciudadanía mientras combina, con la irresponsabilidad de una bruja novata, los instintos más bajos del electorado. Pero, con todo y eso, el otro día se pasó de la raya.
“Disparatado e inútil”. Ésos fueron los adjetivos que Díez escogió para calificar el proceso de paz que emocionó e ilusionó a un país entero. Así describió aquel intento fallido, tal vez prematuro, quizás torpe o sólo desgraciado, que se malogró como se malogran tantas cosas buenas en este mundo (!fallido, torpe, desgraciado, prematuro, malogrado! ¿y te sorprenden los que usa Rosa?) . Parece mentira que haya que recordar que la paz nunca es un disparate, y que perseguirla jamás es inútil (lo que parece mentira es que una escritora, que, hasta ahora he considerado lúcida, no sepa el significado de las palabras:
disparatado = Contrario a la razón;
inútil = no útil, es decir que no trae o produce provecho, comodidad, fruto o interés;
fallido = frustrado, sin efecto – ¿acaso no es lo mismo o parecido a inútil?;
torpe = 3. adj. Rudo, tardo en comprender. 4. adj. Deshonesto, impúdico, lascivo. 5. adj. Ignominioso, indecoroso, infame. -éste está muy bien elegido, Almudena;
desgraciado = 1. adj. Que padece desgracias o una desgracia. 2. adj. desafortunado. 3. adj. Falto de gracia y atractivo. 4. adj. desagradable. 5. adj. Dicho de una persona: Que inspira compasión o menosprecio. 6. adj. Am. Perverso, ruin, miserable. 7. adj. Am. U. c. insulto grave.
- nada que objetar, toda la razón;
prematuro = 1. adj. Que no está en sazón. 2. adj. Que se da antes de tiempo. ¿acaso esta característica no lo hace, justamente, disparatado?;
malogrado es el adjetivo verbal o participio de malograr = 1. tr. Perder, no aprovechar algo, como la ocasión, el tiempo, etc. 2. prnl. Dicho de lo que se pretendía o esperaba conseguir: No llegar al término deseado. 3. prnl. Dicho de una persona o de una cosa: No llegar a su natural desarrollo o perfeccionamiento.
Creo que tú, Almudena, lo has dicho todo.
Y, además, saque “dos adjetivos” de su contexto manipulando claramente la intencionalidad de las palabras de Rosa: «No estaríamos hoy lamentando lo que ocurre en Mondragón y la nueva traición del PNV a los principios democráticos si su anterior gobierno, Sr. Zapatero, no hubiera maniobrado y manipulado a la justicia durante su disparatado e inútil “proceso de paz” para permitir la vuelta a la impunidad del brazo político del terrorismo».). Claro que España no es un país normal. Si lo fuera, Zapatero se mostraría orgulloso de haber cumplido con la obligación de intentarlo, yo podría dedicarme a escribir sobre frivolidades, que buena falta me hace, y hoy, 14 de abril, sería fiesta nacional. (Dedícate a las frivolidades, de verdad: te harás un favor a ti misma, y, de paso, nosotros te lo agradeceremos).
Agrego, la carta al director, publicada en el mismo diario, en el día de hoy, con la que coincido plenamente:
Un adjetivo más
MANUEL RUIZ ZAMORA - Castilleja de la Cuesta, Sevilla – 15/04/2008
Después de leer el artículo de Almudena Grandes Dos adjetivos, en el que insinúa la indecencia de Rosa Díez simplemente por calificar de “disparatado e inútil” un “proceso de paz” que la propia realidad ha demostrado tal, uno no puede menos que animar a la autora a que no espere más y siga su declarada inclinación a escribir únicamente de cosas frívolas, en vez de seguir frivolizando con cosas serias.
Reflexión sobre la muerte
REMINISCENCIAS RELIGIOSAS EN UNA CEREMONIA QUE NO LO ES
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Alvaro Ballesteros |
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| 13 de abril de 2008 | ||
| El nuevo gobierno Zapatero ha cumplido con la ceremonia de prometer su cargo ante el Rey y las más altas autoridades del Estado. Este trámite es esencial para iniciar la andadura de la nueva legislatura. Sin embargo, el acto en sí sigue recubierto de una simbología católica que es harto dificil de entender en la España de 2008. Quizás tengamos que esperar a que UPyD gane las elecciones en un futuro para no volver a repetir la escena en la que un presidente electo del Gobierno de España promete su cargo ante una biblia y un crucifijo. En una país en el que se defienden la convivencia y el respeto institucional más exquisito por todos sus ciudadanos, desde el funcionamiento de un Estado laico, respetando a todas las confesiones religiosas por igual, y desde la convicción del valor de la separación entre Iglesia y Estado, no se entiende que una escena como la que muestra la foto esté presidida por un símbolo católico de este tipo. En fín, sin aspavientos ni grandes historias, con calma y con lucidez, recordemos que debemos cambiar algunas cosas más en el escenario que rodea a un acto protocolario tan importante como este. El Estado es de todos: hagamos que así lo parezca también. |
Discurso de Rosa Díez en la investidura de Zapatero
Hemos trabajado muy duro para conseguir que este discurso se escuche en el Parlamento. Rosa Díez en nombre de más de 300.000 ciudadanos españoles se ha dirigido hoy al candidato señor Zapatero y le ha dicho unas cuantas verdades. Es una pena que nuestro futuro presidente parezca que no nos va a hacer mucho caso. Merece la pena leerlo varias veces.

DISCURSO DE ROSA DÍEZ EN LA INVESTIDURA DE ZAPATERO
Debo mi presencia en esta Cámara, como cuarta fuerza política nacional, únicamente a los ciudadanos que nos han dado su voto, su dinero y su tiempo de trabajo. Por eso quiero que mis primeras palabras sean para ellos: muchas gracias a todos los que habéis confiado en nosotros.
Tenemos un sentido institucional de la política; y estamos aquí para defender los compromisos que hemos adquirido con los ciudadanos. Por eso mi primera iniciativa legislativa será proponer la reforma de una injusta Ley Electoral, causa de que UPyD tenga un escaño y el PNV, con menos votos, tenga seis. Tomo nota de su compromiso de estudiar el tema en una ponencia de la Comisión Constitucional. Pero no nos parece suficiente, máxime porque usted lo hizo tras calificar de justa y proporcional a la citada ley.
Consideramos necesaria la Educación para la Ciudadanía, porque entendemos que los valores cívicos y democráticos requieren de una enseñanza específica, igual que sucede con la historia o las matemáticas. Pero no puede ser una asignatura a la medida de un partido: sus contenidos han de ser consensuados dentro de un gran Pacto Escolar. No apoyaremos a ningún gobierno que no se plantee, como objetivo prioritario de esta legislatura, impulsar un Pacto de Estado para la Educación y devolver al estado la competencia educativa a través de la reforma de la Constitución. España no puede permitirse diecisiete sistemas educativos divergentes, localistas y ajenos a la enseñanza de lo mucho que nos une a los españoles. Mejorar la educación es imprescindible para avanzar en la igualdad de los ciudadanos y para progresar en la competitividad económica y el desarrollo científico de España. Y no he escuchado ningún compromiso del candidato en ese sentido.
Apoyaremos un Pacto de Estado para la derrota de ETA y para luchar contra cualquier tipo de terrorismo. La derrota de ETA exige no sólo declaraciones y órdenes a la policía, sino regeneración democrática: justicia independiente, respeto riguroso a la legalidad y combate contra cualquier forma de legitimación del terrorismo. Una justicia independiente que el gobierno no pueda paralizar a su conveniencia. Hay que evitar que un Fiscal General nombrado por el Gobierno pueda desmontar la Ley de Partidos, permitiendo la vuelta a las instituciones de nuevas franquicias de ETA como ANV. No estaríamos hoy lamentando lo que ocurre en Mondragón y la nueva traición del PNV a los principios democráticos si su anterior gobierno, Sr. Zapatero, no hubiera maniobrado y manipulado a la justicia durante su disparatado e inútil “proceso de paz” para permitir la vuelta a la impunidad del brazo político del terrorismo. La derrota de ETA exige no sólo eficacia policial: también exige deslegitimar radicalmente toda su historia y todos sus objetivos. Por eso hace falta un Pacto de Estado abierto a todos pero suscrito, imprescindiblemente, por el partido del Gobierno y el que es la alternativa. No he escuchado ningún compromiso de usted en ese sentido.
Sr. Candidato, cuando usted habló ayer de terrorismo empezó por decir que en su idea de España “caben todas las ideologías imaginables; caben todas las identidades” (aunque no el crimen). No comparto su opinión: en la España que yo quiero no caben todas las ideologías imaginables. Hay ideologías e ideas que son criminales, que conducen al crimen y por eso son incompatibles con la democracia.
Para conseguir una justicia independiente propondremos modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial en relación con la elección de los 20 vocales del Consejo General del Poder Judicial y volveremos al criterio más justo, independiente y sin duda constitucional de la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1980. También propondremos la modificación del Tribunal Constitucional para mejorar la autonomía de nuestro más alto Tribunal. Y que para la elección del Fiscal General del Estado se utilicen procedimientos similares a los de la elección del Defensor del Pueblo. No he escuchado ningún compromiso en ese sentido.
Por cierto, Sr. Candidato, que usted afirmó ayer que: “es preciso gobernar mejor el poder judicial”. Pues no: que el gobierno pretenda gobernar al poder judicial es totalmente contrario a la democracia. La esencia de la democracia es la separación de poderes.
España no puede seguir soportando la constante y anárquica transferencia de competencias del Estado a las Comunidades Autónomas. Los españoles queremos una España en la que se vele por la igualdad, la cohesión social y, sobre todo, por el interés general. Unión Progreso y Democracia es el único partido nacional que se presenta con la misma sigla y defiende la misma posición en toda España. Defendemos el Estado de las Autonomías, pero no tenemos el más mínimo complejo en corregir sus disfuncionalidades: el deterioro de la igualdad, e incluso de la libertad personal que se ha producido. Por eso, para garantizar la igualdad, defendemos que una serie de materias como la Educación y la Sanidad pasen a ser competencias exclusivas del Estado. Y con ese mismo objetivo de garantizar la igualdad propondremos la revisión del cálculo del Cupo Vasco y de la Aportación Navarra. Porque un sistema fiscal que todos los españoles no puedan disfrutar por igual no es un derecho, es un privilegio. Señor candidato, es necesario un Pacto de Estado sobre la financiación autonómica para garantizar la igualdad de todos los ciudadanos al margen de la parte de España en la que vivan. No he escuchado de usted ningún compromiso en este sentido.
Ha reconocido usted la situación preocupante de nuestra economía. No es suficiente, Sr. Candidato. Sobre todo cuando llevan meses desde su gobierno negando la evidencia. España se enfrenta a una coyuntura económica plagada de dificultades. Y la situación no se soluciona con el parcheo que usted nos propone, sino que requiere formular una auténtica política de desarrollo económico que se centre en los problemas de fondo, de una manera especial, en el fortalecimiento de la competitividad de las empresas y de la economía en su conjunto. Corregir el déficit exterior y ganar en competitividad, y por tanto, en bienestar y empleo para los españoles es el objetivo clave que no se vislumbra en su proyecto.
Unión Progreso y Democracia defiende la unidad de la Nación española, no como un valor sentimental sino como el único instrumento capaz de garantizar la igualdad de todos los ciudadanos. Sr. Candidato: España se romperá si se rompe la igualdad. Y afirmo que se ha empezado a romper. Le daré algunos ejemplos:
1. La supresión práctica del bilingüismo en el sistema educativo catalán, imitado en Euskadi y Galicia, impide la libre circulación de las familias que se enfrentan a la escolarización de sus hijos en una lengua distinta a la castellana, excluida de los centros públicos.
2. La exigencia abusiva de conocimiento de la lengua cooficial para concursar a puestos públicos discrimina a todos los españoles que viven en una CCAA que no tiene dos lenguas oficiales.
3. Los funcionarios son retribuidos de forma distinta para el mismo empleo en función de la autonomía: caso de los funcionarios de justicia, o de los policías y guardias civiles respecto a los Mossos y la Ertzaintza.
4. Los ciudadanos tienen garantizados en la sanidad pública distintas prestaciones y tratamientos terapéuticos dependiendo de la CCAA en la que vivan. Tampoco son homogéneas las retribuciones de médicos y enfermeras, cuyos salarios, por cierto, están a la cola de los países de la UE, incluso por debajo de los profesionales de nuestro vecino Portugal.
Creemos que hay que avanzar en la laicidad del Estado precisamente para garantizar un trato justo a todas las confesiones religiosas que sean compatibles con la democracia. Nos preocupa que, como ha ocurrido en la última campaña, se pida el voto a asociaciones islámicas a cambio de privilegios en los comedores escolares de los centros públicos y cosas semejantes. Ser un partido laico no significa ser antirreligioso o pro ateo. Abogamos por el máximo respeto público a las creencias religiosas, como esperamos que los creyentes respeten la autonomía de las leyes que se da a sí misma la sociedad española, incluso cuando no coincida con sus creencias. No he escuchado de usted ningún compromiso en este sentido.
Sr. Candidato: Entendemos que el voto no es un cheque en blanco, sino un compromiso que se contrae entre los políticos y los ciudadanos. Los compromisos que hemos suscrito con aquellos que depositaron en nosotros su confianza no se corresponden con los que usted ha expuesto hoy en esta cámara. Por eso no puedo darle mi apoyo.
Unión Progreso y Democracia quiere regenerar la democracia española. Somos muy exigentes porque tenemos ambición de país. Somos muy exigentes porque hacemos política pensando en las próximas generaciones y no en las siguientes elecciones. Sr. Candidato, siempre encontrará en nosotros una crítica constructiva. La de un partido político que sólo se debe a los ciudadanos y que no tiene ni complejos ni hipotecas para defender, con toda claridad, lo que considere mejor para España. Por eso seremos tan exigentes con usted como sabemos que lo son los ciudadanos con nosotros. Entendemos que la abstención ante su programa sería una llamada a la resignación; y un cheque en blanco. Como no hemos recibido un cheque en blanco, tampoco puedo –como usted comprenderá–, darle a usted un cheque en blanco. Por eso votaré en contra de su investidura: para corresponder así a la confianza de los ciudadanos y como expresión de nuestra exigencia política.
Muchas gracias.
Congreso de los Diputados. Abril de 2008.
¡Yo no funciono así!
Hasta el 29 de marzo, yo tenía un amigo. No era sólo mi amigo. Era el amigo de Manuel, de Irene, de la casa, de la familia.
Este amigo tiene una concepción particular de la vida, del trabajo, de las relaciones interpersonales. Cuando yo no entendía alguna de sus reacciones, siempre las justificaba con esa frase repetida continuamente: «Yo no funciono así». Cuando dejaba de lado la amistad de algunos amigos entrañables sin motivos aparentes: «Yo no funciono así». Cuando rechazaba una buena oferta de trabajo por no someterse a un horario: «Yo no funciono así». Cuando hacía o decía cosas que no entendíamos: «Yo no funciono así».
Y eso nos obligaba a respetar sus reacciones y opiniones.
Durante un tiempo nos obsequió con su silencio y desapareció de nuestras vidas. Todos los que entonces éramos sus amigos estuvimos angustiados durante siete meses, por no saber si estaba vivo o muerto. Era rara la semana en que yo no lo llamaba o le enviaba un mensaje donde le comunicaba que respetaba su silencio pero que, al menos, nos hiciera saber que estaba vivo y que ese silencio era producto de una decisión personal. Ninguna respuesta. Al cabo de esos siete meses, reapareció en nuestras vidas. Su única explicación: había estado mal emocionalmente y no quería saber nada de nadie. Nuestra respuesta: respeto, no preguntar nada y aceptarlo, de nuevo, en nuestras vidas, con los brazos abiertos. Los tres por igual. Tanto es así que nuestro primer encuentro tras ese período fue para compartir con él un momento tan especial como fue ir a recoger a nuestra hija a Cazalla de la Sierra, donde había pasado quince días en una granja-escuela. Anteriormente, ese momento había sido solamente nuestro y la única persona que lo había compartido en varias ocasiones, había sido mi madre. Este año, ella no quiso venir y nuestro amigo ocupó ese sitio preferente. Allí, recibió un abrazo de mi hija, tan fuerte y sincero como el que nos dio a su padre y a su madre.
El 5 de enero fue el cumpleaños de Irene. Ella echaba de menos una llamada de felicitación de aquél al que ella llamaba tito al margen de vínculos sanguíneos. Temiendo que lo hubiera olvidado, le envié un SMS para recordárselo. Su respuesta: «Yo no creo en los cumpleaños». Yo no creo en los Reyes Magos, pero he pasado nueve años simulando que creía y comprando regalos para mi hija. De hecho, Irene, que no por tener once años, tiene dificultad en razonar, ante mi explicación dijo: «Vale, él no cree en los cumpleaños. Yo no lo felicitaré cuando llegue el suyo. Pero hoy es mi cumpleaños y yo sí creo».
Nos agradaba, a todos, su compañía. De vez en cuando, y cada vez más frecuentemente, venía a casa, por un motivo u otro, por decisión propia o invitado por nosotros. Venía para un día o dos; se quedaba siempre más. Cuando se iba, siempre era porque él así lo disponía. Aceptábamos su presencia, del mismo modo que su despedida. Tenía siempre ropa limpia en la cama, una toalla y un baño disponible, un plato en nuestra mesa. El ordenador de Irene para lo que necesitara, para sus “trabajos” o para sus aficiones. Nuestra línea de internet a su disposición.
Entre nosotros había un trato aceptado, aunque no siempre justificado. Tanto si nosotros queríamos hablar con él, como si era él quien lo necesitaba, la llamada la pagábamos nosotros. Él marcaba desde el fijo o el móvil y nosotros hacíamos la llamada para hablar. Su decisión laboral, original y particular como dije al principio, hacía que, a priori, no dispusiera de liquidez. Así lo aceptábamos.
El 29 de marzo perdí a mi madre. En medio del dolor y del caos del momento, busqué la serenidad necesaria para llamar a la familia, y mandar mensaje a los amigos. Inmediatamente se produjo un aluvión de llamadas que siguen hasta el día de hoy, once días después. Otras personas, queridas también pero que no tenían acceso a mi teléfono ni posibilidad de estar presentes, han recurrido a los mails o los foros. Palabras entrañables que tengo archivadas en mi corazón y que no reproduzco por respetar su intimidad. En el Instituto Anatómico Forense, mientras esperábamos el dictamen de la autopsia, en el Tanatorio y en el Cementerio, estuvimos, todo el rato, acompañados por el cariño, apoyo, abrazos y consuelo de familiares y amigos, muchos amigos: míos, de mis padres, de mis hermanos. Somos afortunados porque tenemos muchos y buenos. Otras personas, que lo han sabido después, han venido a casa.
Ayer, tuvimos una de las muestras de cariño más reconfortantes y emotivas. Mi primo, en el momento del fallecimiento estaba en Hungría visitando a su hijo quien reside allí por encontrarse disfrutando de una beca Erasmus y se lamentó amargamente de no poder estar a nuestro lado. Nos llamó anteayer para decirnos que venía a darnos un abrazo. Nunca pensamos que fuera a ser literal. Pasó más de veinticuatro horas en un autobús, recorrió dos mil kilómetros para venir a pasar unas horas conmigo, con mi hermana y nuestra familia. Cruzó España entera para darnos ese abrazo prometido. Ni siquiera pasó una noche en casa: dos noches de viaje para estar a nuestro lado. Nolete, cariño, nunca sabré expresarte con palabras lo que ese abrazo ha supuesto para mí, para nosotros.
Los compañeros de Irene, niños y niñas de diez y once años, comprendieron que mi hija necesitaba su apoyo y cariño y, pese a su corta edad, fueron capaces de idear el modo de transmitírselo, consiguiendo, con ello, transformar el dolor de una niña que adoraba a su abuela, en una enorme satisfacción y alegría.
Entre tanto, nuestro ¿amigo?, el tito querido de mi hija, se ha limitado a hacer lo que acostumbra. Llamadas perdidas para que yo lo llame a él y un triste SMS donde me pide que “le dé un toque cuando esté más tranquila”. Creo que para ti, voy a tardar mucho en estar tranquila… Las risas y las cervecitas, las charlas hasta altas horas de la madrugada, las películas y comidas compartidas se aplazan sine die. Lo siento, pero YO NO FUNCIONO ASÍ.
Exigencias de la democracia
FERNANDO SAVATER 08/04/2008
En los años heroicos y belicosos a comienzos del pasado siglo, se lanzó en Irlanda la consigna: “¿Qué puedes hacer por tu patria?”. Cáustico y provocativo, el joven James Joyce declaró entonces: “No pienso hacer nada por mi patria, pero no me importaría que mi patria hiciese algo por mí”. Varias décadas y un par de guerras mundiales después, el filósofo de la política Norberto Bobbio habló -con cierta amargura pero no con derrotismo- de “las promesas no mantenidas de la democracia”. Recientemente le ha respondido Gustavo Zagrebelsky, que fue presidente de la Corte Constitucional de Italia y es catedrático de Derecho en la Universidad de Turín, en un libro titulado Contro l’etica della verità (editorial Laterza, 2008): “La democracia no promete nada a nadie, pero nos reclama mucho a todos”. Es decir: la retórica patriotera, que en último término sacrifica el individuo a entidades abstractas y huecamente sublimes (el pueblo, la tierra, la sangre…), merece el escepticismo de quien se niega a ser arrastrado por ese turbio juego; pero cuando se trata de la institución de la libertad y la igualdad política, la protesta ante el mundo injusto no puede consistir en deplorar lo que no se nos ha dado, sino en plantearnos lo que aún no nos hemos decidido a hacer.
No es lo mismo tener un espíritu amplio que una mente vacía
Una de esas cosas que la democracia pide de nosotros es precisamente enterarnos de en qué consiste la democracia misma: es decir, cuáles son sus modos, sus garantías y las posibilidades que brinda al ciudadano. Qué valores la sustentan y qué ideologías se oponen intrínsecamente a su funcionamiento. Por supuesto estas preguntas no admiten como respuesta dogmas teológicos ni certidumbres verificables semejantes a las adquiridas por medio de las ciencias experimentales, pero tampoco dependen de la opinión asilvestrada de cada cual. Como bien dijo Bertrand Russell, no es lo mismo tener un espíritu amplio que una mente vacía. Precisamente en el libro antes citado, Zagrebelsky distingue -frente a la ética de la verdad absoluta, siempre de raigambre teológica- entre el escepticismo multicultural que cree que cada cual tiene su propia creencia idiosincrásica y todas valen lo mismo y la ética de la duda: el que duda cree en la verdad, la busca, la propone tentativamente, aunque no supone ser su dueño exclusivo y permanece abierto a modificar su planteamiento cuando haya razones mejores para ello.
Precisamente ésta es la aspiración legítima de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, vergonzosamente desacreditada desde sus mismos inicios por una campaña obtusa y mendaz que lleva en su origen el sello inequívoco de la propaganda clerical aceptada acríticamente por personas de sorprendida buena fe y oportunistas políticos. Y no se puede decir que no existan ya libros que sitúan esta aspiración a formar intelectualmente ciudadanos en sus precisas coordenadas, al menos como obras de consulta para los profesores. Acaba de aparecer otro excelente, El saber del ciudadano. Las nociones capitales de la democracia (editorial Alianza), escrito por un notable plantel de especialistas bajo la dirección de Aurelio Arteta. No sólo responde al programa esencial de la controvertida materia académica, sino que puede servir como inspiración reflexiva para cualquier ciudadano, no importa de qué edad, que desee completar su información sobre cuestiones de las que depende y sobre todo va a depender en el inmediato futuro la armonía de nuestra convivencia.
En efecto, una de las fisuras polémicas por las que ha sido atacada la Educación para la Ciudadanía es la proliferación de libros de texto de todo tipo y condición, muchos de ellos con planteamientos realmente peregrinos que se prestan a la escandalizada caricatura (por no hablar de las iniciativas grotescas como la de la Comunidad Valenciana, que para sabotear la asignatura ha decidido darla en inglés… Por lo visto, no quiere más ciudadanía que la de la Commonwealth). Hubiera sido bueno que -en éste y en otros casos similares- el Ministerio de Educación, en vez de hacer dejación de sus funciones orientadoras asegurando que cada cual puede adaptar el temario a su sesgo ideológico -lo cual inutiliza la función armonizadora de la materia- señalara con su homologación aquellas obras que realmente responden a lo que se pretende en tal empeño formativo. Después, que cada centro elija el manual que prefiera, pero por lo menos quienes de verdad tienen interés sincero en responder a lo que la democracia pide de nosotros, los educadores, sabrían mejor a que atenerse.