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Para mis chorraditas

De Juana ¿a la calle?

Rosa Díez insta al Estado a hacer su trabajo e

impedir la inminente salida de De Juana

“No ha cumplido su condena, no se arrepiente y hace gala de sus asesinatos”. Rosa Díez siente “rabia y desolación” ante la inminente salida del terrorista De Juana. Insta al Estado a que revise su expediente, después de comprobarse que falsificó documentos académicos para rebajar varios meses su condena. Lamenta, en declaraciones a Libertad Digital, la inactividad del Gobierno Zapatero. Para Mariano Rajoy, “sería deseable” que la Fiscalía investigará el asunto.

LD (Pablo Montesinos) Para la presidenta de UPyD es “más que evidente” que algo no se ha hecho bien en el caso De Juana. En su opinión, ha quedado demostrado que el sanguinario terrorista “ha falsificado documentos para mejorar su expediente” y poder salir así de prisión rebajando varios meses su condena. Un hecho “lamentable” para Rosa Díez, que insta a las instituciones pertinentes a actuar para que el miembro de ETA no salga de la cárcel dentro de cinco días.
“De Juana ha mentido, no ha cumplido su condena, por lo que tiene que seguir en la cárcel”, ha insistido, en declaraciones a este periódico. Un hecho que, según advierte, se conocía desde hacía tiempo, por lo que critica la inactividad del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero. “Es el Estado el que tiene que hacer su trabajo y no esperar la denuncia de los medios”, lamenta.
“Habría que pedir que se revise su expediente, que se comprueben esas rebajas penales y que siga en la cárcel”, ha recalcado.

Con las víctimas del terrorismo

Rosa Díez dedica un capítulo especial a las víctimas del terrorismo. Argumenta que son las más perjudicadas de esta infamia. “La salida de De Juana llena de rabia y desolación a los ciudadanos de bien”, afirma, para después apuntar: “La sensación de falta de protección es absoluta, estamos hablando de un terrorista que no ha cumplido su pena, que no se ha arrepentido y que hace gala de sus asesinatos”.
“La ley está para que se haga justicia, pero ahora no hay justicia”, sentencia la parlamentaria, que exige una modificación de las normas. “Hay que revisar la ley para que el caso De Juana no vuelva a repetirse”, agrega.

Sus exigencias al presidente Zapatero

En este sentido, Rosa Díez tiene claro lo que va a exigir a Rodríguez Zapatero en materia antiterrorista: “la derrota de ETA y la protección de las víctimas del terrorismo”. Partiendo de esta base, la dirigente de UPyD ve positivo el acercamiento entre el Gobierno y el PP ya que, recuerda, “siempre hemos defendido la necesidad de un pacto contra los asesinos”.

Rajoy pide a la Fiscalía que investigue

También se ha referido al caso De Juana el principal líder de la oposición. En el curso de verano de la UCM en San Lorenzo de El Escorial, Mariano Rajoy ha exigido a la Fiscalía que investigue si De Juana Chaos redimió penas con documentos falsos y “obre en consecuencia” para evitar que en el futuro se “pueda burlar la Ley”.
Según señala Europa Press, el líder del PP, que definió al preso como “uno de los etarras más sanguinarios”, señaló que, ante una situación de estas características, hay que “ser muy eficaz y hacer pedagogía” y que, “por eso”, “sería deseable” que la Fiscalía investigará este asunto.
Fuentes de la sede del partido consultadas por Libertad Digital agregan que lo importante es que el Ejecutivo y el principal partido de la oposición están “profundizando” para perfeccionar la lucha contra el terrorismo. En este sentido, la popular Ana Mato insistía este domingo en avanzar “en esta línea” para conseguir “en breve” la derrota de ETA.
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De Juana burló a la Justicia con documentos falsos para rebajar su condena

Cuando quedan pocos días para que el etarra Iñaki de Juana Chaos salga de prisión, el diario El Mundo recuerda este lunes que el sanguinario terrorista aportó documentación falsa para que la Justicia le rebajara su pena. Además de alegar que había aprobado el acceso a la Universidad para mayores de 25 años –aún no había cumplido esa edad y su nombre no consta en las actas– también aportó un título de Enfermería cuyo certificado oficial está firmado por la directora de la escuela: su hermana Altamira De Juana, la misma que “cedió” el piso a la mujer del terrorista para evitar pagar a las víctimas.

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No es un chiste. Según la denuncia de UPyD, el sanguinario etarra podrá pavonearse en la cárcel y decir a sus compañeros de presidio, en vísperas de su puesta en libertad, que un grupo musical cuya existencia era hasta ahora desconocida lleva su nombre. En concreto, según la denuncia de UPyD, el grupo «The Juana Chaos» forma parte del festival de música que tendrá lugar el próximo fin de semana en el municipio alicantino de Novelda, gracias al patrocinio del Ayuntamiento, gobernado por el PSOE e Izquierda Unida. La actuación que, de llevarse a cabo, podría constituir un delito de enaltecimiento del terrorismo, está prevista para el próximo viernes. Al igual que otros grupos de rock como Su Ta Gar, que cuenta con una canción escrita por la etarra Carmen Guisasola, existen pocas dudas sobre la humillación que el hecho supone para las víctimas de este etarra y el conjunto de la sociedad. La actuación de este y otros grupos que, según la denuncia, enaltecen el terrorismo se producirá en el marco del «Raïm Festival». El acceso a los conciertos es gratuito.

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Editado el 30/08

Suspendida la actuación en Novelda de un grupo llamado The Juana Chaos

Lunes, 28 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | Aún no hay comentarios

DISPARATE LINGÜÍSTICO

El Mundo

NINGUN PAIS DE LA UE INCURRE EN EL DISPARATE LINGÜÍSTICO DE ESPAÑA

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27 de julio de 2008

Los partidos nacionalistas que forman parte de la alianza llamada Galeuscat -CiU, PNV y BNG- volvieron a solemnizar ayer en Santiago su reivindicación de un Estado conformado por varias naciones y reclamaron «el mismo status jurídico» que el castellano para sus lenguas propias. Los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos suelen utilizar un lenguaje grandilocuente para defender la excepcionalidad de sus «hechos diferenciales» como si el caso de Cataluña, País Vasco y Galicia fuera único en toda Europa. No es así, ni mucho menos. En varios países de la UE, existen singularidades parecidas -o incluso más enraizadas en la Historia- y lenguas cooficiales, regionales o minoritarias. Lo que no hay en ninguna autonomía ni región de la UE -a excepción de Groenlandia y las Feroe cuyos territorios están excluidos de la Unión- es una ley de inmersión que establezca la lengua minoritaria como vehicular en la enseñanza, tal y como sucede en las comunidades de Galeuscat y Baleares.

El exhaustivo informe que hoy publicamos es muy ilustrativo acerca de la excepcionalidad de los postulados de los partidos nacionalistas en el seno de la UE y, en definitiva, de los disparates lingüísticos que se cometen en España. En Centroeuropa y en los países nórdicos hay todo un mosaico de lenguas, y la regulación legal es asimismo muy variada, aunque tiene algunos denominadores comunes: el respeto al bilingüismo y la consideración de la enseñanza en la lengua minoritaria como un derecho, nunca como un deber. Hay casos en los que se respeta escrupulosamente el bilingüismo, como en el Valle de Aosta en Italia -las escuelas imparten el mismo número de horas en francés que en italiano-, o en Suecia -donde los padres que hablan el finés tienen derecho a que sus hijos reciban la mitad de las clases en su idioma- y otros en los que se potencia el conocimiento de las lenguas minoritarias, como el frisio en los Países Bajos, el escocés en el Reino Unido o el húngaro en Austria.

Sin embargo, en todos los países europeos con más de una lengua oficial se considera que lo mejor para los escolares es aprender prioritariamente el idioma común e incluso se concede más importancia a la enseñanza del inglés que a la de las lenguas minoritarias.

Los nacionalistas de Galeuscat han logrado imponer el catalán, el vasco y el gallego por la vía de los hechos, aunque expertos en la manipulación del lenguaje, reiteraron ayer la gran mentira de que las leyes de normalización no tienen como objetivo la marginación del castellano, sino que las lenguas cooficiales tengan el «mismo status jurídico». La deriva nacionalista no sería tan grave si no fuera porque ha logrado la increíble complicidad del PSOE, cuyo vicesecretario general, José Blanco, dijo que el Manifiesto se debe «a los separadores de siempre». Y la de algunos miembros del PP, como el dirigente gallego Alberto Núñez Feijóo, que reivindicó la «doble nacionalidad» de los gallegos. De la debilidad de los partidos nacionales se aprovechan los nacionalistas.

Domingo, 27 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | Aún no hay comentarios

Comentarios al “Manifesto a prol da convivencia lingüística”

As persoas que promovemos esta chamada queremos manifestar, perante as institucións de autogoberno e como aclaración perante a sociedade galega, o seguinte:

1.- O pobo galego ten dereito a que a súa lingua propia (orixinaria) sexa oficial a todos os efectos no seu ámbito territorial. Os usuarios do galego deben desfrutar no seu territorio do mesmo status legal que o castelán ten no seu.

Primer error: el castellano es posible que sea la lengua de Castilla y tenga derechos en ese territorio. El español es la lengua de España y ha perdido sus derechos en todas las comunidades (o territorios, si se prefiere) bilingües. El Manifiesto para la Lengua Común no quiere quitar ningún derecho al galego, ni al catalán ni al euskera, quiere, simplemente, que en los territorios BILINGÜES, se respete el bilingüismo.

2.- A situación do galego está moi lonxe de ser así. Non desfrutamos de dereitos lingüísticos plenos para desenvolver a nosa vida diaria con normalidade na nosa lingua na nosa terra. Son os falantes do galego os que resultan discriminados. É o galego o que corre perigo como idioma e os galego falantes os que non son debidamente respectados. Vivimos unha grande inxustiza que é a negación da igualdade e da verdadeira convivencia.

Si se dan esos hechos de discriminación en el ámbito territorial del gallego, es en ese ámbito donde se deben pedir soluciones. ¿No será quizás el desconocimiento por parte de los gallegos de la lengua que supuestamente deberían conocer? Si una lengua corre peligro, habrá que pensar, con Aurelio Arteta que «[…] El drama de la desaparición de una lengua tal vez represente el declinar de la tradición que en ella se manifestaba, pero no afecta a la comunicación de sus hablantes, que simultáneamente ya se está encauzando a través de otra lengua.[…]»

3.- Por iso, resulta realmente preocupante que, desde Madrid, con apoio de importantes medios de comunicación, haxa quen pretenda convencer á opinión pública de que o castelán corre perigo de desaparición e que os seus falantes son discriminados no noso país. Esta inversión da realidade ten como obxectivo que os falantes do galego non teñan dereitos lingüísticos e que os únicos deberes para as Administracións públicas se vinculen ao castelán.

Nadie, ni desde Madrid ni desde ninguno de los puntos de la geografía española que se ha sumado al manifiesto ha declarado en ningún momento que el español esté en peligro de desaparición, lo que se denuncia es la discriminación de las personas que sólo hablan español, a nivel institucional, en los territorios bilingües. El objetivo del manifiesto no es privar a nadie de derechos, al contrario, se trata de devolver a un gran número de personas unos derechos que se han perdido en determinados territorios del Estado español.

4.- O verdadeiro problema non está na cooficialidade de idiomas como o galego, senón na actitude de quen nega a existencia de pobos e linguas diferentes no Estado español. Esta actitude si é a negación da convivencia e da igualdade. O proceso de normalización de usos do galego foi lento e, até hoxe, insuficiente para garantir o dereito a vivir nesta lingua. O que compre é respectar a legalidade vixente (Estatuto e Lei de Normalización Lingüística) e avanzar con cambios legais na dirección da igualdade e da convivencia. Xustamente a dirección contraria á proposta polos que pretenden a imposición do castelán como único idioma con dereitos e deberes para os cidadáns en todo o territorio do Estado.

Está claro que quizás sea necesario este manifiesto por la lengua gallega ya que, este último apartado demuestra claramente que los que lo han redactado no saben leer la lengua española. Quisiera saber en qué párrafo del manifiesto se intenta imponer un único idioma. Se puede vivir en lengua gallega permitiendo que existan personas que hablen la otra lengua cooficial.

5.-. Correspóndelle ao pobo galego, a través das súas institucións representantivas, definir a política lingüística acorde co criterio de cooficialidade e de lingua propia que mesmo o actual Estatuto recoñece para o noso idioma. Esperamos o compromiso das institucións de autogoberno na defensa da igualdade plena de dereitos para o galego e na aplicación de medidas a favor da normalización dos seus usos. Neste labor contarán sempre co noso apoio.

Parece que, por fin, aceptan el criterio de cooficialidad, lo que viene a ser lo mismo que decir que el español es también oficial:

co-.

1. pref. V. con-.

con-.

(Del lat. cum).

1. pref. Significa ‘reunión’, ‘cooperación’ o ‘agregación’.

6.- Alertamos á sociedade galega para non se deixar confundir e instámola a cavilar sobre a verdadeira situación do galego no propio país.
Defendemos un dereito humano elemental que nos define, ademais, como pobo diferenciado. Debemos ser firmes rexeitando todo posicionamento que persiga recortar dereitos ou retroceder no cativo camiño andado tanto nas administracións públicas, como na vida social.

Efectivamente, que no se dejen confundir. Todos los ciudadanos tienen los mismos derechos, hablen la lengua cooficial que hablen.

Sábado, 26 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | 4 comentarios

Más sobre el manifiesto

Sobre el manifiesto

No hay duda de que algo debe interesar de verdad cuando se encuentra compitiendo con La Crisis como principal tema de actualidad. Yo era de los que pensaban que este Manifiesto por la lengua común que ahora concita tantas y variadas reacciones no tendría mucho eco en la opinión pública. Por tanto, ha sido una sorpresa muy agradable comprobar su importancia informativa y ver que los apoyos que ha recabado han sido considerables, superando holgadamente, a día de hoy, la cifra de cien mil firmantes. Como señaló hace unas semanas Xavier Pericay, “jamás un texto de esta naturaleza había recabado tantos apoyos”.

El manifiesto, que fue presentado al público el pasado 23 de junio, señala una situación penosa ya conocida por todos: que en determinadas comunidades autónomas los derechos cívicos y educativos de los ciudadanos castellanohablantes son vulnerados de forma cada vez más manifiesta. Todo ello porque desde los poderes políticos de estas comunidades se pretende consolidar una dinámica absurda en la que se trata de enfrentar a la lengua castellana cada una de las lenguas cooficiales. Este esquema ha provocado un retroceso democrático en estas regiones, sin que el Estado central haga nada para evitarlo.

Periódicos como El Mundo y partidos políticos como Unión, Progreso y Democracia han dado alas a este proyecto (a UPyD pertenecen varios de los intelectuales que pusieron en marcha el manifiesto). En Baleares los miembros de la coordinadora de UPyD, junto con algunas personas ajenas a la misma, ya habíamos creado, poco antes de aparecer el manifiesto, un blog en el que estas cuestiones, vinculadas sobre todo al terreno de la educación, pudieran ser tratadas públicamente. Su título, Por una reforma educativa.

El éxito del manifiesto evidencia que una postura contraria a los modos de actuar de los nacionalistas se va generalizando en España. Hasta hace poco se dejaba a éstos imponer su punto de vista sobre determinadas cuestiones, sin debate ni discusión alguna. Pero parece que hoy día las cosas van cambiando, dado que una parte importante de ciudadanos padecen abusos continuados en el ejercicio de sus legítimos derechos. Con esta ‘equidistancia’ supuestamente se pretendía impedir un conflicto, pero cediendo ante el oponente los problemas no desaparecen, sino que se van haciendo cada vez más estructurales. Este argumento de no enfrentar para evitar conflictos también está en la base del concepto conocido como ‘inmersión lingüística’, que trataría de evitar, en la constitución del catalán (en el caso de Cataluña, base de pruebas de la ingeniería social de los nacionalistas) como la única lengua vehicular en el sistema educativo, que la sociedad se escindiera en dos comunidades lingüísticas enfrentadas. El temor me parece histéricamente exagerado, pero más criticable juzgo todavía la medida para evitar que esa situación se produzca, porque, dado que Cataluña es una comunidad española y no un estado independiente, lo más lógico sería, como señala irónicamente Fernando Savater en su último artículo, que, si es necesaria una inmersión, ésta se llevara a cabo en castellano, dado que es la lengua oficial de todo el Estado. Convertir una lengua de ámbito exclusivamente autonómica, como es el caso de la catalana, en la única vehicular de la comunidad puede llegar a provocar precisamente un conflicto de mayores dimensiones con el resto del Estado, creando y apuntalando un gueto cada vez más diferenciado del resto del país, a base de construir artificialmente una diferencia (el famoso “fer país” de Jordi Pujol demuestra que la identidad nacional catalana es más un objetivo final que una base de la que se parte, aunque se asegure justo lo contrario). Defender eso, al cien por cien, implica una irresponsabilidad, en el mejor de los casos, o una clara voluntad secesionista, en el peor, a la vez que incide en la típica paradoja de estos modelos que apelan a la defensa de cierta diferencia de puertas afuera, mientras que cambian de criterio y elevan a los altares el culto a la identidad de puertas adentro.

Capítulo aparte merece la mayor parte de las críticas que ha recibido este manifiesto, más que nada porque apenas ninguna contesta la letra del mismo. En este caso, y en muchos otros, los críticos de turno se han dejado llevar por sus prejuicios y delirios a la hora de argumentar, proyectando en el texto cosas que no se encuentran en él. Se han dicho muchas falsedades, como que este texto trataba de defender la salud social del castellano (que no se pone en duda), que se pretendía un proyecto homogeneizador que excluyera a las lenguas autonómicas de su ámbito educativo y civil (tampoco es así), etc. Como ha señalado estos días el gran Santiago González, el futbolista Iker Casillas ha sido capaz de entender mejor el texto que muchas de las supuestas luminarias político-intelectuales que guían nuestros caminos. Carlos Martínez Gorriarán señala la clave del asunto: “ya es sabido que, en España, la forma más habitual de «criticar» una idea es tergiversarla todo lo posible”.

En 30 años de democracia se ha cultivado con creces la diferencia, aquellos rasgos o elementos que hacen de España una realidad plural. La finalidad consistía en combatir el centralismo del régimen franquista, olvidando que no todo centralismo es directamente antidemocrático. Y, a la inversa, que no toda defensa de cierta diferencia tiene por qué casar con lo que se considera democrático. En este proceso de descentralización, en el que el Estado ha delegado las políticas lingüísticas a las comunidades autónomas, se ha ido demasiado lejos, en el sentido de que demasiadas decisiones políticas han acabado atentando contra el bien común y las libertades individuales. Por tanto, ya es hora de corregir lo que se ha torcido, cultivando, en lugar de diferencias excluyentes, aquellas cosas que son comunes a todos, si pretendemos seguir viviendo en una democracia real. Lo que nos vincula o une, sin caer en esas unanimidades que tanto caracterizan a los nacionalistas.

Jueves, 24 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | Aún no hay comentarios

El reñidero español

JOAQUIN LEGUINA

17 de julio de 2008 El reñidero español
JOAQUIN LEGUINA

«El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla»

(Art. 3 de la Constitución Española)

El pasado 23 de junio, Fernando Savater presentaba junto a un grupo de intelectuales de ideología variopinta un Manifiesto por la Lengua Común que levantó, de inmediato, todo tipo de ronchas y descalificaciones. Pero no se produjo ni un solo argumento en su contra. Porque en España hace ya mucho tiempo que cuando algo no gusta no se exhiben razonamientos para contradecir lo afirmado por otros, no, se recurre al insulto o -entre los más finolis- al eslogan político descalificador.

El diario zapaterista Público recibía el Manifiesto de esta guisa: «El nacionalismo español hace de nuevo política con las lenguas». Por su parte, Miquel Iceta, la nueva estrella rutilante del PSC, se limitó a señalar que el Manifiesto era «innecesario» y José Montilla (que es natural de Córdoba) afirmó que el Manifiesto incitaba a la «catalanofobia». Gran honestidad intelectual la de este charnego reconvertido en catalanista.

En efecto, el PSC es un partido que, según Félix de Azúa, se parece cada vez más a la corte de Catalina la Grande.

El aparato mediático del catalanismo lanzó 800 (sí, 800) artículos contra el Manifiesto, pero en ninguno de ellos se aludía a su contenido ni se argumentaba contra él.

Las fuerzas localistas del nordeste de España, como un solo hombre, se dieron al insulto -esa práctica tan española-: «Ataque contra el catalán», «franquistas», «fachas», «españolistas de mierda», «miserables» (Jordi Sánchez), todo eso y más lindezas dijeron. Antoni Puigvert aseguró -él, tan moderado- que el Manifiesto rompía los últimos puentes entre Cataluña y España… Naturalmente, todos esos artículos estaban escritos y publicados en español, la lengua que, según estos atacantes, quiere asesinar al catalán… y, para guinda del pastel, lo de Jordi Pujol sonó como el Tambor del Bruc: «Combatir con decisión y confianza, sin miedo y sin respeto para quien no nos respeta», eso dijo el veterano y, ahora, radicalizado líder.

Entretanto, las firmas de adhesión al documento escrito por Savater crecían, eso sí, movidas en parte por EL MUNDO, lo cual le vino de perlas a Rodríguez Zapatero, quien aprovechó que el Tormes pasa por Salamanca para sentar doctrina: «La derecha quiere apropiarse de la lengua común como antes lo intentó con la bandera común», dijo… y después de soltar semejante sandez, el actual presidente del Gobierno se fumó un puro.

De poco vale que más del 50% de los catalanes prefiera el castellano como primera lengua porque el nacionalismo catalán y sus adláteres están dispuestos -así lo dice el nuevo Estatuto- a obligar a todos quienes pisen (o sobrevuelen) el territorio de Cataluña a hacerles aprender y obligarles a usar aquella lengua «propia». Ya se sabe: «La letra con sangre entra».

Pero dejémonos de darle vueltas a la noria y recordemos, en primer lugar, que los poderes públicos -y desde luego el Gobierno de España- están obligados a guardar y hacer guardar la Constitución. Así lo han jurado o prometido todos ellos. Vayamos, pues, al grano.

1. ¿Puede un profesor, nacido pongamos que en Valladolid, ir a trabajar a una universidad catalana dando sus clases en castellano? La respuesta es no. Por lo tanto, a ese profesor se le está privando de uno de sus derechos (el de usar el castellano) y el Gobierno de España no puede mirar para otro lado.

2. ¿Puede un niño catalán que tenga como lengua materna el castellano ser escolarizado en ese idioma? La respuesta es no. Un derecho del que se le priva y que no puede dejar indiferente al Gobierno de España.

3. ¿Puede un funcionario español trasladarse a trabajar a Cataluña sin haber aprendido antes concienzudamente el catalán? La respuesta es no.

Y así podríamos seguir con los rótulos de las tiendas, los de las carreteras, con la expulsión de facto del castellano del Parlamento de Cataluña, con la exclusión de los escritores catalanes en castellano, pues sus obras -según los nacionalistas y sus abducidos del PSC- no pertenecen a la cultura catalana y por eso no se les permite acudir a la Feria de Fráncfort, etcétera.

En resumen, el derecho a usar el castellano que la Constitución consagra no se puede ejercer en los foros públicos de Cataluña… y el Gobierno no puede mirar para otro lado diciendo -como dicen sus voceros- que reclamar estos derechos elementales es de derechas (al parecer, en estos nuevos tiempos todo lo que no sea aplaudir a ZP y sus ocurrencias es de derechas).

Pero lo más peligroso -por irresponsable- del discurso de ZP y de sus conmilitones es que para ellos el nacionalismo periférico (vasco, catalán, gallego…) no existe y como no existe no puede hacer mal a nadie ni tener aspiraciones a la independencia. Por ejemplo, Convergencia Democrática de Cataluña, con Artur Mas a la cabeza, acuerda, imitando a Ibarreche, que su objetivo político es una «Cataluña Libre y Soberana»… y el Gobierno español no tiene nada que comentar.

¿Por qué no hablamos claro de una vez? Los nacionalistas y sus adláteres detestan el bilingüismo en sus territorios, lo mismo que rechazan el oír hablar de un Estado Federal… y de poco vale ocultar esa verdad haciendo oídos sordos a los voceros nacionalistas que no se cansan de repetir: «Derecho a decidir», «independencia», «fuera el castellano» y otras muchas lindezas anticonstitucionales.

Pero no es ésa -la de mirar para otro lado- una práctica que sólo concierna a este Gobierno. Sin ir más lejos, Aznar en 1997 se negó a recurrir la Ley de Política Lingüística de Pujol ante el Tribunal Constitucional, porque necesitaba los votos de CiU. Tampoco la recurrió el Defensor del Pueblo (Alvarez de Miranda), sobre quien se ejerció todo tipo de presiones para que no presentara recurso de inconstitucionalidad. Una ley que era y es anticonstitucional por los cuatro costados.

El Estatuto aprobado el 18 de junio de 2006 (con un apoyo popular, simplemente, ridículo, que todo hay que decirlo) echa un par de paletadas más sobre el asunto: 1) «Todas las personas en Cataluña tienen el derecho de utilizar y el deber de conocer las dos lenguas oficiales». Se establece así la obligatoriedad de dominar el catalán para todas las personas que vivan en Cataluña y 2) «La lengua propia de Cataluña es el catalán. Como tal, el catalán es la lengua de uso normal y preferente de todas las administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos en Cataluña, y es también la lengua normalmente utilizada como vehicular y de aprendizaje en la enseñanza».

Si esto es constitucional, yo soy el obispo de Mondoñedo, pero sí es una discriminación contra los castellanohablantes. Y por serlo es también una discriminación para los menos dotados económica y socialmente, los inmigrantes del resto de España y sus descendientes. Estamos ante una descarada y consentida política que pretende tratar a los castellanohablantes como extranjeros en su propio país. «Si un español emigra a Inglaterra, lo que ha de hacer es aprender el inglés» es un argumento que los catalanistas suelen exhibir para exigir a todo el mundo en Cataluña el uso del catalán. Se olvidan -y no por casualidad- que un andaluz en Inglaterra es un extranjero, pero cuando se desplaza a Cataluña no sale de su propia nación.

Las normas internacionales, por ejemplo, las de la Unesco, respecto a la enseñanza recomiendan una obviedad: los niños deben ser escolarizados en su lengua materna. Es tan paradigmático como penoso anotar cómo notables pedagogos catalanes han sacrificado estas elementales normas en el altar de su catalanismo.

Pero no han sido sólo los pedagogos quienes han teorizado, practicado y ejecutado el ombliguismo catalanista. Muy representativos escritores también se han pronunciado en la misma dirección en lo tocante a la creación literaria. Veámoslo.

En el número de julio y agosto de 1977 -inmediatamente después de las primeras elecciones democráticas y en vísperas del debate constitucional- la revista Taula del Canvi, catalanista de izquierdas, planteaba una pregunta a una serie de intelectuales antifranquistas de indudable valía (Salvador Espriu, Manuel de Pedrolo, Joaquín Molas, Antoni Comas…).

El asunto se las traía desde la propia formulación de la pregunta, que era ésta:

¿A los catalanes (de origen o radicación) que se expresen literariamente en lengua castellana hay que considerarlos como un fenómeno de conjunto que hay que liquidar a medida que Cataluña asuma sus propios órganos de gestión política y cultural?

Antes de considerar las respuestas ha de tenerse en cuenta que a ese «fenómeno de conjunto» pertenecían -y pertenecen- los hermanos Juan, José Agustín y Luis Goytisolo, Vázquez Montalbán, Carlos Barral, Juan Marsé, Félix de Azúa, Eduardo Mendoza y un largo etcétera, amigos y compadres de quienes respondían así:

Salvador Espriu: «Espero y deseo que sí».

Manuel de Pedrolo: «No hemos de discutir a nadie el derecho a escribir en la lengua que quiera, pero nadie tiene derecho a convertir una lengua forastera en un arma de destrucción de la identidad del pueblo al cual pertenece o en el cual se inserta».

Antoni Comas: «Como hecho colectivo, como fenómeno de conjunto, hay que liquidarlo a medida que Cataluña recupere su autonomía».

Joaquín Molas: «Si las soluciones son las que deberían ser, los que utilizan la lengua castellana tenderían a desaparecer».

Entre tanto ardor guerrero y exterminador destaca, por extraña, una propuesta razonable:

Francesc Vallverdú: «La cultura catalana se puede manifestar y de hecho se manifiesta en diversas lenguas».

Tan tempranas y amenazadoras manifestaciones de catalanismo identitario y arrasador deberían haber puesto en guardia, al menos, a dos entes políticos: 1) A los inmigrantes llegados a Cataluña y, en general, a los castellanohablantes y a sus representantes políticos y 2) A los partidos de ámbito nacional. Pero todos prefirieron mirar para otro lado, pensando, quizá, que la sangre no llegaría al río, que tales posiciones radicales, como otras muchas de entonces, se atemperarían en el marco constitucional que ya se estaba elaborando. Mas, fuera como fuera, el hecho fue que nadie quiso señalar unos límites, al menos intelectuales, a semejante desbarre.

Dado que los artículos del Nuevo Estatuto referidos a la obligatoriedad de la lengua catalana están recurridos ante el Tribunal Constitucional (TC), conviene recordar aquí una sentencia de este Alto Tribunal; la del 26 de junio de 1986, cuando lo presidía Francisco Tomás y Valiente. En esa sentencia -contraria a la obligatoriedad de una lengua cooficial- se lee lo siguiente: «Pues el citado artículo (el 3 de la Constitución) no establece para las lenguas cooficiales ese deber (el de ser conocidas), sin que ello pueda considerarse discriminatorio».

Cabría esperar que el TC se atuviera en este asunto a su propia jurisprudencia, mas, para decirlo todo, los miembros actuales del TC han demostrado sobradamente que no son ni Tomás Moro ante Enrique VIII ni Becket ante Enrique Plantagenet; se parecen más a los jueces obedientes y obsecuentes que pululaban por España no hace tantos años… y a los que convendría olvidar para siempre. En fin, que mi fe respecto a las actuales instituciones políticas y judiciales es descriptible, por eso estoy dispuesto a pelear contra las canalladas que se están perpetrando contra el derecho a usar el castellano y contra los canallas que las cometen o que las permiten.

Joaquín Leguina es ex presidente de la Comunidad de Madrid.

Viernes, 18 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | Aún no hay comentarios

Otra excelencia de Savater

TRIBUNA: FERNANDO SAVATER

Ciudadanía y lengua común

FERNANDO SAVATER 11/07/2008

Fernando Savater

Como el mío va a ser uno de los pocos artículos que se publiquen en este periódico a favor del Manifiesto por la Lengua Común, permítanme que empiece con algo de melancolía. El documento en cuestión derrocha miramientos y renuncia a cualquier denuncia o acusación: no contiene críticas contra el Gobierno, ni contra la oposición, ni contra ninguna de las Administraciones autonómicas. Como el poeta, está a punto de perder su vida por delicadeza. Tampoco incurre en un alarmismo exagerado (se limita a señalar lo que es una preocupación generalizada en nuestra sociedad, como demuestran las firmas obtenidas de personalidades ilustres de las letras, las ciencias, el arte, el comercio o el deporte, muchas de las cuales no han firmado ningún manifiesto en su vida), y se centra en recomendar medidas preventivas antes de que lo peor sea además irremediable. Ni que decir tiene que reconoce todas las lenguas oficiales como igualmente españolas (lo que sin duda puede haber molestado a algunos) y formando parte del patrimonio cultural y social que compartimos, merecedoras de estímulo y salvaguardia. En el Manifiesto no sólo se defiende el derecho de quien lo desee a ser educado en castellano, sino también el derecho semejante a ser educado en catalán en Cataluña, en euskera en el País Vasco, en gallego en Galicia, etc. Éste es el Manifiesto que ha sido denunciado como xenófobo, imperialista, contrario al pluralismo cultural y hasta partidario del exterminio de los hablantes de lenguas minoritarias. Un político catalán lo calificó como “un insulto a la inteligencia”: bueno, entonces usted no tiene por qué considerarse ofendido, buen hombre. Y lo mismo vale para los demás. Por decirlo churchilianamente: nunca quien no agredió a nadie fue agredido por tantos.

Es curioso: a los que hemos luchado durante bastantes años a favor de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, las tergiversaciones polémicas que se utilizan contra el Manifiesto nos recuerdan irresistiblemente las que oímos tantas veces contra esa necesaria materia académica. Destinos paralelos: en un caso, se ofendió involuntariamente las prerrogativas que considera intocables la Iglesia católica, y en el otro, las que se atribuye la jerarquía nacionalista, dos poderes fácticos de fundamentación mitológica que consideran persecución totalitaria cualquier merma de sus privilegios autoconcedidos. Interesante semejanza, que merece ser examinada más despacio.

Primera similitud: para criticar con mayor comodidad, se inventan el contenido de la asignatura y el contenido del Manifiesto. Según unos manipuladores, la Educación para la Ciudadanía se dedica a hacer proselitismo

homosexual y a recomendar que nadie se case si no es con persona de su mismo sexo. Como no faltan manuales delirantes propuestos para la materia, otros se dedican a entresacar proclamas a favor de Fidel, Chávez y la abolición inmediata del capitalismo. Intentar que se recuerde en sus justos términos el temario oficial es tiempo perdido. De modo semejante, algunos decretan que el Manifiesto sale en defensa de la lengua castellana, empeño risible porque nuestro idioma goza de excelente salud, es hablado por 400 millones de personas y de nada hay que protegerlo. Según otros -pertenecientes a la lunatic fringe de varias autonomías bilingües-, el Manifiesto persigue abolir nuestro pluralismo lingüístico y cultural, exterminar al diferente, etc. Rogar que se lea el Manifiesto para comprobar que lo que se trata de defender son los derechos de los castellanohablantes sin mermar el bilingüismo o que estamos tan convencidos de la pujanza universal del castellano que por eso nos parece crucial reforzarlo como lengua común de España es tarea ociosa: la caricatura resulta polémicamente más rentable.

Segunda similitud: tanto la asignatura como el Manifiesto son inútiles, superfluos y refuerzan al poder establecido. Unos nos dicen que todo el mundo sale ciudadano de la escuela por la convivencia con los demás y sobre todo por la enseñanza de los padres. ¿Para qué adoctrinarles con teorías políticamente correctas que les hagan dóciles al relativismo moral dominante? Los otros aseguran con total convicción que no existe problema lingüístico en ninguna parte, salvo en la imaginación de la extrema derecha. No es verdad que haya comunidades donde no se pueda escolarizar a los niños con plena naturalidad en castellano, ni es cierto que en ellas los impresos oficiales sólo se faciliten en la lengua autonómica, ni es verdad que la señalización de vías públicas tampoco sea bilingüe, ni que el conocimiento de la lengua co-oficial tenga un valor desmesurado en concursos y oposiciones, etc. Esas denuncias son invenciones en la mayoría de los casos, o simples anécdotas irrelevantes cuando resultan probadas. Los que de veras sufren son quienes intentan manejar una lengua distinta del castellano: ¿hay algo más difícil y peor visto que hablar catalán en Cataluña, euskera en el País Vasco o gallego en Galicia? Todo son problemas y cortapisas para los héroes que a tanto se atreven… El Manifiesto es una apología de la represión y de la prepotencia vigente, puaf.

Tercera similitud: ¡vuelve el franquismo! Educación para la Ciudadanía es un revival de la Formación del Espíritu Nacional (que nada tiene que ver con las sanas lecciones de identidad que se dan en las autonomías nacionalistas), así como el Manifiesto defiende la lengua del Imperio, según enseñó Girón de Velasco. ¿Cómo no nos habremos dado cuenta antes? Bien claro está; el último canalla que se preocupó por la unidad de España fue Franco, y sólo a él podía ocurrírsele adoctrinar en valores políticos comunes. Menos mal que aún quedan vigías para dar la voz de alarma y señalar que por allí resopla el fascismo. Debemos estarles eternamente agradecidos… y obedecerles sin rechistar.

En fin, dejémoslo estar. Los defensores de la inmersión lingüística ven en ella la única forma de evitar guetos y de garantizar la convivencia cultural. Si nosotros fuésemos nacionalistas españoles, aceptaríamos el razonamiento pero aplicado a toda España: inmersión lingüística general en castellano para la educación pública, a fin de evitar que Cataluña, Euskadi, Galicia o Baleares se conviertan en guetos dentro del país. Es la doctrina vigente en Francia, que no es el peor Estado europeo ni en cultura ni en democracia. Sin embargo, no es eso lo que reivindicamos. El Manifiesto no pide inmersión en castellano de los que tienen otras lenguas maternas, sino que no se imponga otra lengua a los que prefieren el castellano. En general, la lengua común no requiere en las comunidades bilingües trato privilegiado, sólo que no se la persiga ni obstaculice como hoy se hace. Con eso basta.

Por lo demás, admito que se nos discuta, pero no acepto que se nos descalifique con infundios sectarios como han hecho reciente y reiteradamente el Partido Socialista y el Gobierno. La decencia política no se funda en el optimismo, como cree Zapatero, sino en la veracidad. Decidido: en cuanto nos repongamos de este Manifiesto, hay que preparar otro contra el uso impune de la mentira por los políticos.

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

Viernes, 11 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | 2 comentarios

Bibliotecas por y para mujeres

Ayer nos lo leyó nuestro amigo Manuel Ruiz Zamora. Lo he buscado para releerlo con calma. Genial.

Bibliotecas por y para mujeres

HAY quienes afirman que la ministra Bibiana es un epítome de la imbecilidad, pero «imbécil» es una palabra de etimología muy disputada. Para algunos etimólogos, imbécil sería aquella persona que camina sin báculo o bastón, es decir, alguien que aún no ha alcanzado la sabiduría, que según los antiguos era conquista propia de la vejez; para otros, por el contrario, imbécil sería más bien la persona tan debilitada y senil que necesita apoyarse en un báculo o bastón. Una y otra hipótesis etimológica aluden al segundo y al tercer estadio de la vida humana, según el célebre enigma de la Esfinge: «¿Cuál es el animal que al amanecer tiene cuatro patas, al mediodía tiene dos y al anochecer tiene tres?». Un pensamiento imbécil sería el que, por inmadurez, anda sin ayuda de bastón; o bien el que, por senilidad, necesita andar con bastón para afirmarse. Pero el pensamiento de la ministra Bibiana no es imbécil porque ni siquiera anda; el pensamiento de la ministra Bibiana es más bien un pensamiento que avanza a cuatro patas, a imitación del hombre en el amanecer de su vida. Como el niño que aún no posee dominio sobre sus facultades locomotrices o los miembros de aquella familia cuadrúpeda que descubrieron en una aldea remota del Kurdistán, el pensamiento de la ministra Bibiana gatea, provocando a su paso cataclismos de estupor e hilaridad.
Escribió Baltasar Gracián en una sentencia ferozmente misógina que «la mujer primero ejecuta y después piensa»; y, para darle la razón, ha llegado la ministra Bibiana, ofreciéndonos «teléfonos canalizadores de la agresividad masculina», neologismos feministoides y, más recientemente, «bibliotecas por y para mujeres». De todas estas ocurrencias, proferidas sin reflexión previa, ha tenido que ofrecer luego la ministra Bibiana palinodias o aclaraciones que, con frecuencia, resultaban más chuscas y regocijantes que la ocurrencia propiamente dicha. Cuando la ministra Bibiana prometió abrir «bibliotecas por y para mujeres», pensé que su pensamiento gateante había alcanzado la culminación; las explicaciones posteriores me han chafado aquella primera impresión de arrobo. La idea de montar una «biblioteca por y para mujeres» era una síntesis maravillosa del paraíso musulmán y del paraíso borgiano. Borges se figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca; y los musulmanes lo imaginan como un jardín ameno donde los bienaventurados beben copas de un licor especiado, servidas por huríes de grandes ojos y redondos senos. Una biblioteca atendida por bibliotecarias de guardapolvo y manguitos y frecuentada por lectoras gafapastas y paliduchas sería el paraíso fetén para alguien como yo, que profeso un amor indiscriminado e insomne a las mujeres y a los libros; y, además, sería una modalidad de paraíso que podría congraciar a la ministra Bibiana con los musulmanes, ahora que los tiene un poco tarascas por sus despotriques contra el velo islámico.
Por lo demás, toda biblioteca es, por definición, excluyente; pues, por vastos que sean sus fondos, deja fuera todos aquellos libros que por limitaciones de gusto, conocimiento o espacio no cupieron en sus estantes. Desde la biblioteca portátil que cabe en una maleta a la monstruosa biblioteca de Babel urdida por Borges, no hay biblioteca que no nazca de un escrutinio. Y, con su «biblioteca por y para mujeres», la ministra Bibiana nos proponía uno muy donoso que dejaba chiquito aquel que perpetraron el cura y el barbero. Una vez montadas las bibliotecas por y para mujeres, se podrían montar bibliotecas por y para homosexuales, bibliotecas por y para negros, bibliotecas por y para católicos, bibliotecas por y para cojos, bibliotecas por y para miopes, etcétera; más tarde, en un alarde de especialización exhaustiva, podrían montarse también bibliotecas por y para negras miopes, católicos cojos, etcétera, hasta cubrir las infinitas combinaciones humanas. Y, sumadas todas estas bibliotecas especializadísimas, se alcanzaría la biblioteca total, en la que ningún libro quedase excluido. En esta profusión bibliotecaria no debería faltar, por supuesto, una biblioteca por y para analfabetos (y analfabetas) integrales, de la que la ministra Bibiana fuese miembra fundadora. En esa biblioteca, compuesta por libros en blanco, el pensamiento gateante de la ministra Bibiana retozaría como un niño en el parque.
www.juanmanueldeprada.com

Domingo, 6 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | 9 comentarios

El debate sobre el Manifiesto de la lengua común

Antonio Robles

“Desde los tiempos de Calderón, en España se ha practicado el malsano ejercicio de no entenderse”, escribe el director teatral Juan Carlos García de la Fuente, a propósito del debate sobre el Manifiesto por la lengua común que El Mundo ha organizado en sus páginas, con 50 intelectuales a favor y en contra.

Y es evidente que, después de leer la primera entrega, es lo primero que salta a la vista. Esta polémica es ya antigua, y se remonta, por poner una fecha, a 1981, con el primer manifiesto Por la igualdad de los derechos lingüísticos. Pero más antigua resulta todavía la mala fe para distorsionar el mensaje que esta polémica ha protagonizado desde entonces.

Nunca se ha manifestado nada contra el catalán u otros idiomas regionales; al contrario, en todos ellos, de manera directa o indirecta, se ha tenido la voluntad de manifestar apoyo y ayuda. En muchos casos, además, quienes los firmaban eran bilingües. Y también siempre, en cada uno de los manifiestos, se ha denunciado la intención del poder nacionalista de excluir a la lengua común española de las instituciones autonómicas. Y siempre, y en todos ellos, se ha centrado la denuncia sobre la merma de los derechos lingüísticos de los ciudadanos, no sobre el peligro de extinción del castellano.

Y si la cosa es tan evidente, ¿por qué aún hoy, personas ilustradas como un buen puñado de estos intelectuales siguen mostrando reticencias a este Manifiesto por la lengua común con la justificación central de que el castellano no está en peligro o que se ataca a las lenguas regionales?

Es evidente, porque desde el principio, el nacionalismo lingüístico había de ensuciar las justas reivindicaciones de los derechos democráticos de los ciudadanos para enmascarar las sucias intenciones de quienes han venido utilizando las lenguas regionales como coartada de construcción nacional. El historiador Fernando García de Cortázar, uno de los participantes en el debate, lo ha dicho claro y conciso: “El drama de España es que se ha hecho de las lenguas regionales la base objetiva de un principio de adquisición de ciudadanía, de delimitación de pertenencia a una comunidad y en consecuencia de exclusión”.

Esa evidencia, sin embargo, no delata a toda la sociedad de las comunidades bilingües, sólo a las élites nacionalistas que han venido utilizando las instituciones autonómicas, sus medios de comunicación y un ingente presupuesto público para transmitir esa distorsión a toda la sociedad española. El contexto histórico le ha ayudado muchísimo, porque después de la dictadura lingüística de Franco, cualquier arrope a las lenguas regionales era legítima a priori y, por el contrario, cualquier defensa de la lengua que el dictador mantuvo como única oficial, era sospechosa de retrógrada. Y ese contexto junto a las mezquinas políticas partidistas, más la incapacidad intelectual para pensar el tiempo histórico objetivamente sin el lastre de los complejos a ser tachados de carcas, han sido la causa de una atmósfera distorsionada que les lleva a afirmar a progres de profesión como Suso de Toro: “Pretenden (los del Manifiesto) eliminar las otras lenguas y para ello tenemos que desaparecer los hablantes (de las lenguas regionales). O a antifranquistas retroactivos, como el escritor José Manuel Caballero Bonald: “Lo siento, pero hay algo en todo eso que me recuerda aquellas indignas proclamas franquistas exigiendo a los catalanes, a los vascos, a los gallegos que hablaran la lengua del imperio”.

Puedo entender que ciudadanos sin relación con la política o el conocimiento ilustrado puedan estar intoxicados por la desinformación y deformación nacionalista, pero no es de recibo que personas informadas que se preocupan todos los días por la igualdad de género, la defensa de los animales o la libertad de expresión, sean incapaces de defender el derecho de cualquier padre para elegir la lengua vehicular en la que tienen que estudiar sus hijos que consideren oportuno, además de la lengua regional correspondiente si vive en comunidades bilingües.

Si este Manifiesto por la lengua común ha de ser criticado, ha de serlo por lo que dice, no por lo que se le supone que dice. Y aún menos por lo que los nacionalistas y allegados querrían que dijera para alimentar su victimismo e intoxicar la buena fe de los que tienen una inclinación permanente por los que pasan por débiles.

Aplicándome el cuento de la primera cita que iniciaba este artículo, es preciso comprender a una amplia parte de la ciudadanía de Cataluña y demás comunidades bilingües, su buena fe al creer que sólo si se discrimina a favor de los idiomas regionales, el recelo ante la lengua común será menor. Es una creencia muy extendida, y aunque objetivamente tal aptitud es una aliada natural de las políticas excluyentes de los nacionalistas, no participan de las intenciones torcidas y últimas de éstos. Incluso entre ellos, hay quien es consciente del uso, pero no considera que la fuerza del nacionalismo excluyente sea tan preocupante como el Manifiesto dice. Como el filósofo Víctor Gómez Pin: “¿Qué a algún gestor cultural le gustaría erradicar una de las dos lenguas? No lo dudo, pero en este asunto las intenciones cuentan menos que las relaciones de fuerzas”.

Sin lugar a dudas, de este primer tercio de intelectuales que han confrontado ideas, Félix de Azúa es quién con mayor conocimiento de causa sitúa el problema que plantea el Manifiesto.

Domingo, 6 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | Aún no hay comentarios

La cultura del fútbol

Iker Copa

Otro excelente artículo de un gran amigo:

La cultura del fútbol

Manuel Ruiz Zamora | Actualizado 02.07.2008 – 01:00

EN las páginas de ciencias de un diario nacional un grupo de antropólogos, esos científicos sociales que suelen considerar patrimonio de la humanidad las ceremonias más aberrantes de otras culturas mientras que juzgan como aberraciones las más inocentes de la nuestra, so pretexto de analizar la Eurocopa 2008, obsequian al lector con toda la parafernalia de tópicos a los que el, así llamado, “mundo de la cultura” nos tiene acostumbrados cada vez que aborda el fenómeno del fútbol: la violencia, las pulsiones identitarias y nacionalistas, el machismo, el racismo, la xenofobia… Jordi Salvador Lluch, por ejemplo, autor de un libro de tan científico título como Fútbol, metáfora de la Guerra Fría, afirma impávidamente: “Los estadios son islas de permisividad en los que la gente busca emociones como el peligro y la venganza y donde pueden insultar al árbitro, ser racistas y homófobos como nunca lo serían en la calle”; y Manuel Mandianes, profesor de investigación en el CSIC, sentencia a quemarropa: “En un estadio damos un salto sobre la educación y volvemos al estado natural del ser humano”.En general, los intelectuales se han hecho siempre un lío con las cosas del deporte. Aún están recientes los tiempos en que el fútbol era considerado el summun de lo reaccionario, lo vulgar y analfabeto; y aún hoy no resulta del todo infrecuente verlo convertido en la ejemplificación más significativa de la intrínseca rudimentariedad del macho frente a la exquisita complejidad espiritual de la mujer. Muchos de estos rancios prejuicios pueden remontarse a la filosofía de Platón, verdadero padre espiritual de Occidente, que decretó no sólo que el cuerpo y el alma constituían entidades diferentes y separadas, sino que la procedencia del primero era tan plebeya como aristocrática era la de la segunda.A ello vendrían añadirse más tarde las ensoñaciones metafísicas del idealismo romántico alemán, que inauguró un concepto de cultura según el cual sólo podía considerarse tal aquello que se correspondiera con los entretenimientos de la clase social a la que pertenecían los promulgadores del término. El marxismo, por último, con su decisiva fagocitación de la clase intelectual, prescribiría que cualquier género de disfrute que alejara a la clase obrera de sus objetivos revolucionarios significaba una forma inaceptable de alienación capitalista y debía, por tanto, ser condenada sin paliativos.

El problema de los intelectuales, como cualquier persona con cierto sentido común sabe, es que, nublados por los vapores estupefacientes de sus propias ideas, apenas si han sido alguna vez capaces de ver lo obvio, que es, como ya advirtiera Zubiri, lo más difícil de ver. Si el hombre es, como sostenía Ortega, un animal para el que sólo lo superfluo es necesario, el fútbol no sólo sería cultura, sino una altísima manifestación de ésta: sin entrar en las virtualidades de un deporte que ofrece a los grupos humanos una forma civilizadísima y extremadamente creativa de sublimación de los instintos más gregarios y agresivos, lo que se desarrolla dentro del terreno de juego es un ceremonial de carácter agónico sometido a un sistema de reglas de enorme complejidad y sutileza.

Los contendientes han de poner en práctica eficaces estrategias de equipo, que no sólo no anulan, sino que implican y exigen la excelencia de las capacidades individuales puestas al servicio del colectivo. No vale cualquier cosa, sin embargo. Decía Camus que todo lo que sabía de ética lo había aprendido en el fútbol. Las normas de juego prescriben deportividad, juego limpio y respeto al adversario. Perder y ganar son igualmente honorables, pero siempre que se haya cumplido con esos preceptos normativos.

Pero, además, la eficacia resulta insuficiente si no se acompaña de cierta sugestión de armonía, de orden, de belleza. Se valora particularmente a los equipos que desarrollan un juego imaginativo, a los colectivos que ofrecen destellos de fútbol organizado e inteligente, y se desprecia en el fondo, aunque ganen, a los equipos que tan sólo ansían el triunfo a costa de lo que sea. La estética es tan importante como la ética, aunque también intentarán convencernos los circunspectos pensadores postmarxistas de la Escuela de Frankfurt de que la belleza es algo reaccionario. Nuestros adversarios alemanes de la final parecían unas víctimas propiciatorias de tal prejuicio.

Si los poetas de nuestro tiempo estuvieran menos ocupados en abrumarnos con sus trivialidades emocionales que en cantar la belleza allá donde surja, tal vez dispondríamos de un Píndaro que eternizara en versos la majestuosa solvencia de Senna, la clarividencia de Xavi, el instinto de gol de Villa… Por favor, que dejen ya de intentar convencernos de que el fútbol es la antítesis de la cultura: a estas alturas tan sólo los incultos creen que la cultura consiste en leer novelas de Almudena Grandes.

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Respuesta de mi Manuel:

Querido Manuel:

Realmente sobresaliente el articulillo de hoy en el Diario. Tengo que confesarte -un vez más- que yo también he pensado estos días atrás, mientras disfrutaba del fútbol, que el deporte compendia todos los géneros que en el mundo han sido, desde la épica a la tragedia, pasando por la lírica y el drama. Además de la geometría, la belleza o la estrategia, como tú bien indicas.

Pero además de las potencialidades estéticas y éticas del deporte, existe un ingrediente que, a mi juicio, es el verdadero desencadenante que hace del fenómeno del deporte algo verdaderamente popular y que no puede poseer, por su propia naturaleza, ninguna otra manifestación estética: la indeterminación como esencia del juego,la pura posibilidad, el work in progress permanente. Todo es posible mientras se nos ofrece, pues nada está cerrado a priori, como sí sucede en un cuadro, un libro o una película, donde el producto es mera taxidermia, ya que no tiene el poder proteico de la metamorfosis, de lo por hacer.

Por esta razón una segunda lectura de un libro que nos ha gustado suele ser más provechosa que la primera, mientras un espectáculo deportivo visto de nuevo carece ya de la intensidad de la primera vez, y aunque permanecen inmutables sus elementos estéticos, notamos la falta del factor sorpresa, que es, ni más ni menos, lo que lo acerca tan rotundamente a la vida.

Jueves, 3 Julio 2008 Publicado por cachito | Sociedad | | 9 comentarios