BelaTarrkovsKieslowsKiorastaMilosForMankiewicz

Para mis chorraditas

Democracia ¿de tres?

Hace muchos años, hice un par de viajes con dos amigas. Uno de ellos, a Inglaterra, estuvo a punto de ser un auténtico desastre para mí. Quizás sea la razón de que, desde enonces, no me haya sentido interesada en volver a ese país. Cosa que, probablemente, se reparará este año.

Todo había sido planificado de acuerdo a nuestra disponibilidad económica y de tiempo. Primero fuimos en tren a Cambridge, donde nos alojamos en casa de un amigo mío que conocía de mi cercano pasado universitario. Todo bien. Fuimos recibidas de modo excelente, y mi amigo y sus amigos se brindaron a acompañarnos y mostrarnos la preciosa ciudad.

De allí partimos hacia Londres. En el viaje conocimos a unos chicos australianos, residentes en la ciudad, muy simpáticos y agradables que, al llegar, se ofrecieron a ayudarnos a encontrar alojamiento. Nos llevaron a un “bed & breakfast” cercano a Hyde Park magnífico. Por las instalaciones, por el propietario (gallego, encantador y cariñoso), por la ubicación, por el precio.

Una vez instaladas, nos dedicamos a planificar nuestra estancia y visitas. Las tres íbamos haciendo propuestas. Las de ellas, en principio, a mí no me satisfacían. Planeaban visitar todo museo habido y por haber en la capital y decidieron no usar ningún medio de transporte público salvo uno de esos horribles y ridículos autobuses para turistas que recorren la ciudad con alocuciones pregrabadas en cualquier idioma salvo los que conocíamos. Las mías, no les interesaban a ellas. Por tanto se acordó decidir democráticamente: cada propuesta se votaría y se haría lo que decidiera la mayoría.

En aquella época, ya empezaba yo a tener ese reloj interno que hacía que me despertara a la hora programada sin ninguna dificultad, por lo que, todas las noches me indicaban la hora a la que querían ser despertadas. A las siete de la mañana, como un clavo, servidora las avisaba: “Son las siete”. Como eran dormilonas y perezosas, tardaban bastante rato en estar operativas. Pero aún así, bastante temprano estábamos en la calle dispuestas a ejecutar los planes decididos. Empezamos por el British Museum. Entramos a las 9:00. A las 17:00 h., sin haber comido nada desde el breakfast matutino, yo era incapaz de asimilar más arte ni más momias. Estaba desesperada. A ratos me iba a la cafetería, a ratos me sentaba en bancos a contemplar a la gente.

Los chicos australianos nos habían propuesto recogernos esa tarde para acompañarnos a conocer Londres de noche. Y ellas habían accedido. Pero, una vez en el Museo, decidieron no asistir a la cita, para no perderse ninguna sala. Intenté hacerlas razonar. Imposible. A la hora acordada, servidora abandonó a sus compañeras para dirigirse, en un cómodo y rápido autobús, hasta nuestra residencia, tomar una reparadora ducha y arreglarse adecuadamente para acompañar a nuestros amigos en la visita proyectada.

Ellos llegaron con una puntualidad británica y, sorprendidos por la ausencia de mis amigas, nos disponíamos a salir, cuando aparecieron por la puerta. Entonces reclamaban que las esperáramos a que tomaran también su ducha, y su maqueo general. Entonces yo propuse votar. Cuatro contra dos: ganamos y tuvieron que venirse con la indumentaria matutina y sin aseo.

A partir de ahí, todo siguió igual. Ellas decidían todo en todo momento:  Dónde, qué y cuándo se comía. Qué se visitaba. En qué tiendas se entraba y en cuáles no. Pero, la única que, a medias manejaba el idioma, era yo. La única capaz de interpretar un plano de la ciudad o del metro (que nunca usamos, salvo cuando íbamos con nuestros amigos) era yo. Por lo que me necesitaban para ejecutar sus órdenes dictatoriales. Por más que intenté explicarles que su democracia era tremendamente injusta, hacían oídos sordos a mis ruegos. Yo proponía que, lo razonable era que cada día, o ante cada elección, decidiera una de nosotras por turno, salvo que las tres estuviéramos de acuerdo. Con ello, yo haría en dos ocasiones su voluntad, pero, al menos, una de tres, podría elegir. Impensable: teníamos que ser estrictamente democráticas.

Recuerdo con enorme desagrado aquel viaje, a pesar de que, lo del museo ocurrió más de una vez y, democráticamente, me desvinculé de ellas en varias ocasiones, con sus obvias quejas por quedarse desamparadas frente al idioma y desorientadas frente a ese mapa que resultaba chino para ellas.

No volví a elegirlas como compañeras de viaje nunca más.

Lo malo es que, ahora, después de casi treinta años, en otras circunstancias y en otras condiciones, la historia se repite.

Viernes, 5 Septiembre 2008 Publicado por cachito | Personal | | 1 comentario

SONETO

Pues con esa tierra impregnarme quiero
y renovar con ella el monumento
donde tú me engendraste ¡qué portento!
claustro en el que encontré mi amor primero.

Ahora que tú no vives yo me muero
pues sólo en tu recuerdo me alimento
me apresuro a beber, estoy sediento:
no le sobra agua dulce al gondolero.

Comparto con tu muerte yo la vida
ni las flores que nacen son consuelo
estando en el jardín mi piel curtida.

Como con libertad alzaste vuelo
abierta se quedó tan grande herida
bellisímo almohadón de terciopelo.

__________________________________________

Lo encontré AQUÍ

Viernes, 20 Junio 2008 Publicado por cachito | Personal | | Aún no hay comentarios

Si ce jour là

Si ce jour là

Click en el enlace para escuchar la canción.

Si ce jour là

Quand je serai mort vous qui serez en vie,

n’allez pas m’enterrer

avant qu’il soit midi

pour que le soleil puisse chauffer la terre

où je m’en irai faire mon dernier lit.

Si ce jour là vous avez un peu de tristesse

ne le montrez pas aux amis :

mangez à ma table,

jouez de la guitare

et faites l’amour à celles que j’aimais

si vous allez soif allez chercher à boire

parmi mes bouteilles millésimées.

Si ce jour là vous avez un peu de tristesse

ne le montrez pas aux amis,

que mon souvenir soit celui d’une fête

où l’on dit adieu sans éternel regret

sans cérémonie et sans mine de fête

à peine la gorge un peu serrée

Si ce jour là …

ne le montrez pas aux amis,

je pense à cela en ce mercredi treize

en voyant partir un ami bien aimé

il mérite mieux que cette triste messe

et ces gens tout en noir qui l’emmenaient

il mérite mieux que ce ciel sans tendresse

et ces gens tout en noir qui l’emmenaient

Si ese día

Cuando yo muera, los que sigáis vivos,

No me enterréis

antes del mediodía

Para que el sol haya podido calentar la tierra

Donde iré a hacerme mi último lecho

Si ese día sentís un poco de tristeza

No la mostréis a los amigos

Comed a mi mesa

Tocad la guitarra

Y haced el amor a las mujeres que amé

Si tenéis sed, id a buscar qué beber

entre mis botellas millésimés.

Si ese día sentís un poco de tristeza,

no la mostréis a los amigos

que mi recuerdo sea el de una fiesta

dónde se dice adiós sin lamentos eternos

sin ceremonia y sin cara de fiesta

un pequeño nudo en la garganta apenas

Si ese día…

No lo mostréis a los amigos,

Pienso en esto en este miércoles trece

Viendo partir a un querido amigo

Él merece algo más que esta triste misa

Y esa gente de negro que lo acompañaba

Merece algo más que ese cielo sin ternura

Y esa gente de negro que lo acompañaban.

Letra transcrita de oído y traducida por mí.

Viernes, 13 Junio 2008 Publicado por cachito | Personal | | 1 comentario

¡Un mes!

Pasan los días y mi dolor, lejos de disminuir, es más fuerte. Quisiera contarte muchas cosas, pero no estás para escucharlas. ¿Por qué te fuiste así, sin que nada pudiera hacer para evitarlo? Ahora sólo encuentro silencio, ausencia. Te echo de menos y te necesito. No sé si llegaste a saber cuánto te quise. Y cuánto sigo queriéndote.

Nunca, en mi vida, he pasado tanto tiempo sin hablar contigo. Sin verte, sí. Cuando me fui a Francia. Pero, de un modo u otro, siempre me las arreglaba para hablar contigo. Ni una semana podía pasar sin contarte mis cosas y escuchar las tuyas. Siempre recordaré el día que me llegó la carta donde me notificaban que había sido seleccionada para irme aquel curso a Francia. Tenías los ojos rojos, habías llorado mucho, por la pena de estar un año sin mí, pero tenías el sobre apoyado en una botella de cava junto a unas flores y fuiste capaz, a pesar de tu dolor, de compartir conmigo la alegría. Ésa era tu condición: siempre pensando en los demás por encima de tus deseos, de tus intereses, de tus sentimientos.

¡Un mes ya! Una noche como ésta te fuiste a dormir y por la mañana, ya no estabas.

Todos me aconsejan que recuerde los buenos momentos, y han sido tantos… los tengo en la memoria grabados a fuego, pero siempre, de modo recurrente, se superpone una imagen que quisiera borrar de mi mente. Y hace mucho daño.

Ir a tu casa. Abrir armarios, decidir qué hacer con las cosas, los recuerdos, los regalos que has acumulado durante una vida. Quisiera guardarlo todo, mantener intacto todo como tú lo dejaste. Y cada vez que entro en tu dormitorio creo que voy a volver a verte como te encontré. Y, al mismo tiempo, si suena el teléfono a tus horas siempre pienso: «ahí está mamá»: cuando sabías que ya había vuelto de llevar a Irene al cole, por la noche, cuando tenía que decirte que te llamaba yo, porque iba a acostarla. Y a deshoras, cuando se te ocurría algo que contarme. Paso junto a la cafetería donde desayunabas con tus amigas, y donde, cuando podía, me acercaba a verte y a darte un beso, y siempre insistías en que me tomara un café con vosotras, y yo lo rechazaba, porque ya había desayunado, aunque me sentaba a charlar un rato si no tenía mucha prisa. No quiero mirar aunque a veces, me hago ilusiones de que vas a estar sentada en tu sitio. La primera, porque eras puntual.

Cuando venías a casa, y a pesar de tener siempre las llaves contigo, llamabas a la puerta. ¿Por discreción? ¿Por no molestar?

Escribo a golpe de sentimientos, desorganizada… La cabeza me da vueltas y no me deja dormir. Estaba llorando en la cama y he despertado a Manolo, por lo que me he venido aquí, a hablar contigo. Y te diría, como en mis últimos sueños, cuando te veo reaparecer aunque para los demás seas invisibles: «Esto no va a volver a pasar, porque ya no voy a separarme de ti ni un minuto». Ojalá estuviera en mis manos.

Martes, 29 Abril 2008 Publicado por cachito | Personal | | 1 comentario

Reflexión sobre la muerte

La muerte no es nada.
No he hecho más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo. Tú sigues siendo tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne ni triste.
Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos…
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,
Sin énfasis ninguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado.
¿Por qué habría yo de estar fuera de tus pensamientos?
¿Sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos, tan sólo a la vuelta del camino…
Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su
Ternura acendrada.
Enjuga tus lágrimas, y no llores si me amas.
San Agustín
___________________________________________________________________________________________________
Enviado por un buen amigo, a quien le agradezco profundamente la oportunidad de estas palabras. Gracias, Miguel.

Lunes, 14 Abril 2008 Publicado por cachito | Personal | | 1 comentario

¡Yo no funciono así!

Hasta el 29 de marzo, yo tenía un amigo. No era sólo mi amigo. Era el amigo de Manuel, de Irene, de la casa, de la familia.

Este amigo tiene una concepción particular de la vida, del trabajo, de las relaciones interpersonales. Cuando yo no entendía alguna de sus reacciones, siempre las justificaba con esa frase repetida continuamente: «Yo no funciono así». Cuando dejaba de lado la amistad de algunos amigos entrañables sin motivos aparentes: «Yo no funciono así». Cuando rechazaba una buena oferta de trabajo por no someterse a un horario: «Yo no funciono así». Cuando hacía o decía cosas que no entendíamos: «Yo no funciono así».

Y eso nos obligaba a respetar sus reacciones y opiniones.

Durante un tiempo nos obsequió con su silencio y desapareció de nuestras vidas. Todos los que entonces éramos sus amigos estuvimos angustiados durante siete meses, por no saber si estaba vivo o muerto. Era rara la semana en que yo no lo llamaba o le enviaba un mensaje donde le comunicaba que respetaba su silencio pero que, al menos, nos hiciera saber que estaba vivo y que ese silencio era producto de una decisión personal. Ninguna respuesta. Al cabo de esos siete meses, reapareció en nuestras vidas. Su única explicación: había estado mal emocionalmente y no quería saber nada de nadie. Nuestra respuesta: respeto, no preguntar nada y aceptarlo, de nuevo, en nuestras vidas, con los brazos abiertos. Los tres por igual. Tanto es así que nuestro primer encuentro tras ese período fue para compartir con él un momento tan especial como fue ir a recoger a nuestra hija a Cazalla de la Sierra, donde había pasado quince días en una granja-escuela. Anteriormente, ese momento había sido solamente nuestro y la única persona que lo había compartido en varias ocasiones, había sido mi madre. Este año, ella no quiso venir y nuestro amigo ocupó ese sitio preferente. Allí, recibió un abrazo de mi hija, tan fuerte y sincero como el que nos dio a su padre y a su madre.

El 5 de enero fue el cumpleaños de Irene. Ella echaba de menos una llamada de felicitación de aquél al que ella llamaba tito al margen de vínculos sanguíneos. Temiendo que lo hubiera olvidado, le envié un SMS para recordárselo. Su respuesta: «Yo no creo en los cumpleaños». Yo no creo en los Reyes Magos, pero he pasado nueve años simulando que creía y comprando regalos para mi hija. De hecho, Irene, que no por tener once años, tiene dificultad en razonar, ante mi explicación dijo: «Vale, él no cree en los cumpleaños. Yo no lo felicitaré cuando llegue el suyo. Pero hoy es mi cumpleaños y yo sí creo».

Nos agradaba, a todos, su compañía. De vez en cuando, y cada vez más frecuentemente, venía a casa, por un motivo u otro, por decisión propia o invitado por nosotros. Venía para un día o dos; se quedaba siempre más. Cuando se iba, siempre era porque él así lo disponía. Aceptábamos su presencia, del mismo modo que su despedida. Tenía siempre ropa limpia en la cama, una toalla y un baño disponible, un plato en nuestra mesa. El ordenador de Irene para lo que necesitara, para sus “trabajos” o para sus aficiones. Nuestra línea de internet a su disposición.

Entre nosotros había un trato aceptado, aunque no siempre justificado. Tanto si nosotros queríamos hablar con él, como si era él quien lo necesitaba, la llamada la pagábamos nosotros. Él marcaba desde el fijo o el móvil y nosotros hacíamos la llamada para hablar. Su decisión laboral, original y particular como dije al principio, hacía que, a priori, no dispusiera de liquidez. Así lo aceptábamos.

El 29 de marzo perdí a mi madre. En medio del dolor y del caos del momento, busqué la serenidad necesaria para llamar a la familia, y mandar mensaje a los amigos. Inmediatamente se produjo un aluvión de llamadas que siguen hasta el día de hoy, once días después. Otras personas, queridas también pero que no tenían acceso a mi teléfono ni posibilidad de estar presentes, han recurrido a los mails o los foros. Palabras entrañables que tengo archivadas en mi corazón y que no reproduzco por respetar su intimidad. En el Instituto Anatómico Forense, mientras esperábamos el dictamen de la autopsia, en el Tanatorio y en el Cementerio, estuvimos, todo el rato, acompañados por el cariño, apoyo, abrazos y consuelo de familiares y amigos, muchos amigos: míos, de mis padres, de mis hermanos. Somos afortunados porque tenemos muchos y buenos. Otras personas, que lo han sabido después, han venido a casa.

Ayer, tuvimos una de las muestras de cariño más reconfortantes y emotivas. Mi primo, en el momento del fallecimiento estaba en Hungría visitando a su hijo quien reside allí por encontrarse disfrutando de una beca Erasmus y se lamentó amargamente de no poder estar a nuestro lado. Nos llamó anteayer para decirnos que venía a darnos un abrazo. Nunca pensamos que fuera a ser literal. Pasó más de veinticuatro horas en un autobús, recorrió dos mil kilómetros para venir a pasar unas horas conmigo, con mi hermana y nuestra familia. Cruzó España entera para darnos ese abrazo prometido. Ni siquiera pasó una noche en casa: dos noches de viaje para estar a nuestro lado. Nolete, cariño, nunca sabré expresarte con palabras lo que ese abrazo ha supuesto para mí, para nosotros.

Los compañeros de Irene, niños y niñas de diez y once años, comprendieron que mi hija necesitaba su apoyo y cariño y, pese a su corta edad, fueron capaces de idear el modo de transmitírselo, consiguiendo, con ello, transformar el dolor de una niña que adoraba a su abuela, en una enorme satisfacción y alegría.

Entre tanto, nuestro ¿amigo?, el tito querido de mi hija, se ha limitado a hacer lo que acostumbra. Llamadas perdidas para que yo lo llame a él y un triste SMS donde me pide que “le dé un toque cuando esté más tranquila”. Creo que para ti, voy a tardar mucho en estar tranquila… Las risas y las cervecitas, las charlas hasta altas horas de la madrugada, las películas y comidas compartidas se aplazan sine die. Lo siento, pero YO NO FUNCIONO ASÍ.

Miércoles, 9 Abril 2008 Publicado por cachito | Personal | | Aún no hay comentarios

Mamá

Mamá

La mayoría de las personas que vienen a leer aquí, saben que la he perdido y que mi dolor no tiene límites. Se ha ido como ella quería, sin molestar, sola, sin despedirse y sin avisar: una pausa eterna en su sueño. Una muerte dulce, pero nos ha dejado un vacío imposible de llenar.

Entre el torbellino de reproches que una se hace en estos momentos (¿por qué no estaba a su lado?, ¿por qué no la invité a comer en casa aquel día que preparé la comida que tanto le gustaba? ¿por qué, por qué, por qué…?), tengo al menos la tranquilidad de que ella conoció por mí mis sentimientos hacia ella y supo lo que significaba para mí. Esta carta se la entregué poco antes del día de la Madre, el año en que yo misma me convertí en madre. Estaba en el cajón de su mesilla de noche en un lugar bien visible. Me agrada pensar que la leía de vez en cuando.

¡Mamá, madre, qué sola me has dejado…!

====================================================================

 

Otros años, cuando llegaba el «Día de la Madre», te mandaba flores, ¿te acuerdas? Hace ya varios años que no hay flores; pero quiero que, al menos este año, el año en que yo me he convertido en madre, tengas algo especial de mi parte. Por otro lado, teniendo en cuenta que se ejerce de madre todos los días, ¿por qué esperar a que nos digan que es el “día señalado”?

Tú sabes cuánto te quiero (lo sabes ¿no?), pero quizás ahora, el hecho de ser madre yo también, hace que aprecie más tu abnegada y continua dedicación y entrega a todos nosotros, y concretamente a mí. Nunca me has fallado, estás siempre donde se te necesita. Si el tiempo y la edad hacen que te pierda, mi vida sentirá un enorme vacío y sé que ese día estaría dispuesta a dar una fortuna por poder volver a verte aunque sólo fuera un instante, para poder abrazarte otra vez.

Tu amor por nosotros es inmenso y tus cuidados no se agotan nunca; ningún esfuerzo ni sacrificio ha sido jamás excesivo para ti: nos has ayudado en los estudios, nos has mimado en la enfermedad y el dolor, has disfrutado con nuestros éxitos y sufrido nuestros fracasos y decepciones, nos has escuchado como una amiga cuando teníamos problemas, eres feliz si nos ves felices y, si alguna vez alguien nos ofende o nos ataca, no dudas en hacer lo que sea por salir en nuestra defensa.

A tu lado los dolores se olvidan, o, al menos, son más soportables. No concibo un momento difícil sin tenerte a mi lado, cogiéndome la mano; pero tampoco me gustaría dejar de compartir contigo las pequeñas o grandes alegrías, los momentos agradables, las grandes ocasiones: cuando nació Irene te necesitaba allí donde estabas, en mi habitación, haciendo que los dolores fueran más llevaderos, pero, cuando salí del paritorio, colmada de orgullo y dicha, me habría decepcionado si no hubieras estado allí para abrazarme y para decirme lo bonita que era tu nieta con la felicidad brillando en tus ojos.

Eres mi modelo a imitar y desearía ser para mi hija, al menos una modesta réplica de lo que tú eres para mí.

Por todo esto, te pido perdón ahora porque sé que muchas veces no he sabido corresponderte, sé que, en ocasiones, me he portado mal contigo, que he podido defraudarte y hacerte sufrir y llorar. Y me duele en el alma cada lágrima que has derramado por mi culpa.

Quiera Dios, el destino o quien quiera que gobierne la existencia, que permanezcas a mi lado aún muchos años. Que Irene tenga la fortuna de poder disfrutar de ti, que, no me cabe duda, serás su abuelita preferida… ¿Te he dicho alguna vez cuánto te quiero?

Y… ¿sabes que me encanta que me digan que Irene se parece a ti?

 

Sábado, 5 Abril 2008 Publicado por cachito | Personal | | 2 comentarios

Carta a Irene (antes de nacer)

Sábado, 23 de noviembre de 1996 (8:26)

Querida Irene:

Ya falta muy poquito para que nazcas. Cada vez te siento con más fuerza dentro de mi vientre y sé que tú también estás deseando salir y encontrarte con mis brazos.

Cada noche sueño contigo. No puedo imaginar cómo será tu carita, ni, evidentemente, qué carácter y personalidad tendrás cuando crezcas. No sé si te parecerás a mí o a tu padre. Sé que, de cualquier modo serás hermosa porque te has ido formando dentro de mi con todo el amor y la ilusión que llevo en mí. El milagro de concebirte, de sentirte crecer en mi interior y, dentro de poco, de parirte, no paran de asombrarme y de maravillarme. Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida y lo sé ya desde ahora, antes de conocerte porque seas como seas, sé que serás maravillo­sa y sacarás lo mejor que hay en mí.

Tu padre es un ser excepcional. En sus planes inmediatos, hace poco tiempo, no figuraba para nada el hecho de tenerte. Su vida estaba orientada de otra manera. Pero su amor por mí ha hecho que, primero aceptase y después desease con la misma fuerza que yo tu presencia. Al principio, y al contrario que yo, él decía que quería tener un hijo varón, pero aún antes de que nazcas, ya sabe que una niña es lo mejor que nos puede pasar. Supongo que sus razones serán especiales, como las mías, pero ahora ambos te deseamos con las misma fuerza e ilusión. Si te he dicho que tú sabrás buscar lo mejor que hay en mí, tienes que hacer lo mismo con él. Su principal problema en las relaciones con las personas es poder expresar sus sentimientos. No es que no los tenga, ni que no los demuestre, pero le cuesta mucho decir algo hermoso aunque esté deseando hacerlo, es una especie de pudor extraño… A lo mejor me equivoco y tú eres capaz desde el primer día de vencer esa resistencia extraña que tiene. Espero que sea así, porque si te pareces a mí, todos esos comentarios de amor y cariño, serán fundamentales para tu desarro­llo y felicidad y la falta de ellos te producirá como a mí, una gran frustración. De todos modos, a lo mejor me estoy precipitando ya que desde hace algún tiempo, por su modo de acariciar mi vientre, intuyo que está preparándose psicológicamente para recibirte como te mereces. Espero que tú sepas sacar toda la ternura que hay dentro de él, que es mucha y está deseando rebosar.

En cuanto a mí, estoy viviendo esta experiencia del embarazo como algo excepcional en mi vida. Los primeros meses todo fue muy bien, tanto que a veces pensaba que te estaba imaginando ya que mi cuerpo no experimentaba ninguna de las modificaciones normales ante la presecnia de un nuevo ser en su interior. Luego empecé a engordar y a tener determinados síntomas evidentes pero nada molestos. Ahora estoy mal físicamente. Me duele la espalda y cada hueso de mi cuerpo: tu peso está venciendo la poca resistencia que tengo y aunque es maravilloso para mí sentirte dentro, necesito que salgas para dejar de tener dolores. De todas formas no me importa, prefiero mil veces estar dolorida antes que ni siquiera imaginarme que tú pudieras estar mal.

Ya hemos preparado con mucho ilusión el que será tu dormitorio y la que será tu ropa. Esperamos que te guste a ti tanto como a nosotros. Poco a poco, tendremos que ir adaptando nuestro hogar a tus necesidades. Nada será un problema porque el deseo de tu presencia es mayor que cualquier renuncia que podamos hacer, ahora y mañana.

También he elegido tu nombre. Aunque me gustaría que tú pudieras decidir libre e independientemente todo lo que te concierne, éstas son algunas cosas que tenemos que hacer por ti porque hay que decidirlas antes de que llegues. Nadie está fascinado especialmente con tu nombre, pero a mí me gusta muchísimo, sobre todo lo que significa: PAZ. Me gustaría tanto que cuando seas mayor el mundo que vas a heredar sea un mundo de paz… ahora está muy liado.

Ahora sólo quiero decirte que espero que sigas madurando dentro de mí. Que cuando esté preparada y decidas salir a vernos, el paso a través de mi cuerpo sea lo más agradable posible para ti, yo ya me he hecho a la idea de que va a ser algo doloroso, pero son los dolores que con más anhelo he esperado en mi vida. Que disfrutes de buena salud y que tu existencia junto a nosotros esté llena de felicidad y alegrías. Papá y mamá están locos por conseguir que así sea, es la meta más importante que nos hemos fijado y esperamos no defraudarte.

No te puedes imaginar cuánto te queremos.

Mamá.

Viernes, 14 Diciembre 2007 Publicado por cachito | Personal | | 3 comentarios

Carta a papá

Sevilla, 26 de Abril de 1997

Querido papi,

     Desde hace algún tiempo te vengo notando «rarito», ya sé que no estás deprimido, como dicen los demás, pero pareces preocupado… y tu preocupación nos preocupa a todos. Es normal, porque has comido mucho y has sido gordo y ahora no tienes ganas de comer, pero ¿cuántas veces has hecho régimen para estar más delgado? En vez  de disgustarte por lo que no comes, intenta comer lo que te gusta y disfrutarlo, así te sentará mejor. La enfermedad es siempre un motivo de disgusto, pero en esos libros que leo yo, y que todo el mundo me critica, aunque al final demuestre que tengo razón, como cuando yo quería darle el pecho a Irene cada vez que lo pedía y todos me decían que no estaba bien, que no era así (sólo tú me dabas la razón) al final conseguí darle toda la teta que quiso, la puse hecha un reboliño, y, sobre todo, no la dejé llorar que era lo que yo que­ría, porque, digan lo que digan, tú y yo estamos convencidos de que a los niños no hay que dejarles llorar; a lo que iba, en esos libros he leído que muchas veces se “elige” estar enfermo, y que el estado de ánimo, las ganas de vivir y de disfrutar consiguen ir aplazando esos males y, si no eliminar­los, al menos postergarlos. Eso se lo escribí hace tiempo en una carta a Purita, no sé si me hizo caso o se limitó a llorar, el caso es que sigue llorando y sigue siendo desgraciada. Es fácil ser feliz, pero aprender a no ser desgraciado puede resultar difícil: la felicidad es la condición natural de las personas, y eso es evidente cuando se observa a los niños pequeños: tienen sus necesida­des cubiertas, son felices. Hay ciertos sufrimientos físicos que no tienen un fallo orgánicos conocido, a veces se está peor de los que se debe estar porque uno se convence de que tiene que estar mal. Tienes que vivir el presente, el ahora es todo lo que hay, el futuro es simplemente un momento presente para ser vivido cuando llegue, y no puedes vivirlo hasta que aparezca realmente. Puedes disfrutar maravillosamente del día a día, ese tiempo huidizo que siempre está contigo si te entregas completamente a él. Absorbe todo lo que te brinda a presente y desconéctate del pasado que ya no existe y del futuro que llegará a su tiempo: recordar, desear, esperar, lamentar y arrepentirse es lo más fácil para evitar el presente.

     Cuando se pierde la esperanza y empiezas a sentirte atrapado por las circunstancias de la vida, caes en el desconcierto y la impotencia interna. Empiezas a sentirte deprimido, y, al final viene el deterioro, primero mental y luego físico. La esperanza es un proceso mental que te ayuda a tener confianza en ti mismo. Debes empezar por aceptar la idea de que siempre hay esperanza. Y, a continuación, dejarte mimar por los que te queremos, estamos deseándolo y verás como te resulta muy agradable.

     Ahora tienes a Irene casi a tu cargo (compartido con mamá) durante bastantes horas al día. Mamá se encargará de sus necesidades físicas: darle de comer, cambiarla, que eche el eruc­tito… pero a ti te toca entretenerla, pasearla, hacerla reír (con esa risa que, como tú dices, ilu­mina el mundo), nos haces mucha falta a todos, pero a ella más porque eres su único abuelito y, sé por experiencia propia y por lo que he visto con mis primos, con Clarita y con cualquier criatura que se cruce en tu camino, la enorme capacidad que tienes para querer a los críos, para embelesarte con ellos, para disfrutar sólo con mirarlos y, al mismo tiempo, hacerte querer por ellos, hacer que se embelesen contigo y hacerlos disfrutar. Irene te necesita para todo eso, porque ese tipo de cariño sólo tú sabes dárselo… Por eso, y creo que es una razón de peso, tienes que hacer el esfuerzo de estar sano y fuerte, no «comerte el coco», todos viviremos el tiempo que Dios quiera, pero no debe­mos acelerar los malestares.

     Cuando iba a casarme, recuerdas que yo no quería hacerlo por la Iglesia. Lo hice por ti y no me arrepiento de ello; algunos amigos me decían que estaba traicionándome a mí misma; yo decía que el amor que sentía por ti me obligaba a concederte ese deseo, que no sabía cuanto tiempo te iba a tener y que nunca querría arrepentirme de haberte dado un disgusto. Después de la boda, viendo tu cara de felicidad en las fotos, siempre dije que sólo por eso merecía la pena esa pequeña «traición» a mis principios. Del mismo modo ha ocurrido con el bautizo de Irene… yo hubiera preferido dejar que eligiera por ella misma: tú nos has enseñado a ser libres e independientes desde pequeñitas, yo pensaba que ésa iba a ser una prueba de su libertad. Pero, cuando preguntabas reiteradamente por la fecha del bautizo, decidí que sería como tú querías.

     Te podrás imaginar que nada de esto son reproches, han sido decisiones propias motivadas por el enorme amor que siento por ti y por el deseo inmenso de hacerte feliz… pero, eso sí, estás en deuda conmigo: tienes que ponerte bueno para cuidar a mi hija, para que ella, como Clara, pueda quererte a ti más que nadie en el mundo… y te aseguro que no me sentiré en absoluto celosa porque sé que tú y yo sabemos quererla del mismo modo, sé que ninguno de los dos puede soportar oírla llorar, sé que se nos parte el corazón si la vemos triste o enferma, que no tenemos miedo a que se malcríe por cogerla en brazos o darle unos mimos… además, sé que todos los valores que pueda aprender de ti serán buenos para ella: tu integridad, tu bondad («eres un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra bueno»), tu sentido del humor (no tu malhumor, pero sé que no hay riesgo de ello, sé que con ella no te enfadarás nunca), tu inteligencia (he leído que se hereda, pero que también se aprende y se desarrolla con una buena estimulación), tu capacidad de trabajo, tu sentido de la amistad… en fin, todas esas cosas buenas que tú puedes darle. Ya el tiempo y la vida se encargarán de enseñarle «buenos modales», igual que los hemos aprendido mis hermanos y yo. En todo caso, la prefiero malcriada pero feliz.

     Y no pienses que sólo es Irene la que te necesita; ella es la más pequeña, pero todos necesitamos que estés bien, aunque sea calladito como siempre, aunque te limites a escuchar y a desconectar cuando no estás interesado, aunque te evadas mirando a tus nietos (y haces bien porque ¡mira que son lindos!), pero a nuestro lado siempre.

     Las parejas se dicen a menudo que se quieren, pero entre padres e hijos no es muy frecuente. Yo no recuerdo si te lo he dicho alguna vez, pero aprovecho para decírtelo una vez más ahora: te quiero muchísimo. A los padres no se los elige, nos tenemos que conformar con los que nos tocan en suerte y hay muchos descontentos por el mundo, pero yo he tenido la fortuna de toparme con dos seres maravillosos, que, de haber podido escoger, los habría seleccionado entre millones de posibles padres, con la seguridad de quedarme con los mejores. Lo que más deseo en el mundo, ahora que ya tengo a mi hija, es que estéis los dos buenos y fuertes para querernos a todos, eso es todo lo que puedo pedir, el resto viene por añadidura.

     ¡Ah! Y que conste que delgado estás muy guapo.

Escrito poco después del diagnóstico de la enfermedad de papá. Se la entregué el día del bautizo de Irene, con la petición de que lo leyera al llegar a casa. Parece que se emocionó bastante. Al día siguiente, lo único que me comentó es que él no estaba “rarito”.

Viernes, 14 Diciembre 2007 Publicado por cachito | Personal | | 1 comentario

Sobre velos

Apunte de Manuel, con algún añadido mío:

A veces uno siente la necesidad de proclamar que ha descubierto un pespunte inédito de la realidad, y como tal originalísimo, y corre a contárselo a quien esté dispuesto a escuchar nuestra supuesta perspicacia en tal o cual aspecto de lo real del que hemos sacado oro. Obviamente el oro que creemos haber sacado nosotros estaba extraído hace ya siglos, ya que otros muchos antes pisaron el mismo terreno y pensaron lo mismo , vendiendo el oro a mejor precio que nosotros.

Viene esta reflexión a cuento del tan traído velo SI, o velo NO, haciendo hincapié en que en este sentido todo lo que yo diga no pretende ser original, es más, estoy dando razón de lo obvio, evidente y verificable. Entiendo que en este asunto entran en conflicto dos derechos igual de importantes, la libertad y la igualdad, y no es fácil posicionarse. Prometo no apelar al profeta en ninguno de mis argumentos.

Cuando se habla del velo, oigo que la razón para defenderlo como prenda de vestir, o como tocado más o menos exótico, es justamente ésta: “es una prenda de vestir, simbólica o no, y como tal tienen todo el derecho a llevarla, sino se vulneraría la libertad de ir como a uno le dé la gana”.

Bien. Partamos de una premisa. No todas las culturas valen lo mismo por el hecho de serlo. Hay culturas mejores que otras, objetivamente mejores. Una cultura que apelara a la superstición como modus vivendi está menos desarrollada que una que ha pasado por el filtro de la razón. Espero que esto no sea discutible.

El velo islámico, al igual que la burka, no es una mera prenda de vestir como la entendemos en Occidente, sino una de las materializaciones –además de la ablación del clítoris antes de los 6 años, el cierre y cosido de labios vaginales, el matrimonio forzoso y pactado, la prohibición de llevar ningún tipo de sustancia artificial en el cuerpo, ni maquillaje, ni desodorante, ni esmaltes, ni nada que pueda atraer la mirada de los demás hombres- de la Profunda Desigualdad entre hombres y mujeres en el mundo islámico. No llevar el velo, en una familia de clase media que profese el Islam, es motivo más que suficiente para que el marido azote a la mujer por una falta grave a la ley del profeta. El número de azotes está especificado en una Sura (conjunto de versículos) concreta, lo que ocurre es que dependiendo de la benevolencia del padre o marido, puede bajar o subir la dosis de golpes (lo cuenta con detalle en varias escenas escalofriantes Hayaan Hirsi Ali en su libro Mi vida, Mi Libertad, que recomiendo para sacarnos de algunos lugares comunes y clichés sobre la filantropía del Corán y del profeta). La mujer, en el Islam, es una pura excrecencia del hombre, sin ningún derecho, incluido el de pensar por cuenta propia, el más peligroso de todos.

Una vez dejado esto claro, cabe añadir que, además de la férrea estructura familiar propia, la jerarquía social islámica se divide en clanes, que imponen a las familias particularidades en cuestiones de moral coránica. Si una mujer incumple cualquier precepto considerado sagrado por el Corán, está en el punto de mira de ser estigmatizada por todo el clan como impura e infiel.

Imaginaos si estas chicas que van con el velo a clase tienen motivos para estar temerosas, no sólo de Alá, sino de sus padres y los integrantes de su clan, que las repudiarían. No creo que sea una decisión libre, ni un deseo personal el hecho de llevar el velo. Están sometidas a designios que establecen otros.

Todos sabemos que España es un país democrático, lo cual quiere decir, entre otras cosas, que la Ley no es la Moral, como pasa en los regímenes islámicos, aquí ambas están separadas, y las pequeñas morales que cada uno tengamos, sean católicas, protestantes, islámicas o marxistas, no pueden entrar en conflicto con la ley, puesto que ésta debe estar basada en principios de igualdad, pluralismo y libertad, algo de lo que no suele hacer gala precisamente ningún credo religioso. Por eso vivimos bajo el imperio de la ley, en un estado de Derecho.

La ley tiene que garantizar que en el ámbito público no haya intromisiones de símbolos religiosos, más cuando esos símbolos menoscaban uno de los derechos fundamentales: el de la igualdad entre hombres y mujeres.

Si un chico acude a clase con una medallita de la Virgen del Rocío, obviamente no se la vamos a requisar a la entrada del colegio, puesto que ese símbolo, aun siendo una representación de sus creencias religiosas, no es, en modo alguno, discriminatorio ni entra en conflicto con ningún derecho fundamental. El velo islámico, vuelvo a insistir, discrimina y segrega, no sólo representa.

La razón que han dado las autoridades públicas para reintegrar a las niñas a clase ha sido el derecho a la escolarización por encima de las normas internas de los centros. Creo que esta razón está mal enfocada, ya que previo al derecho de la niña a recibir clase está la obligación de los padres a escolarizarla como método fundamental de integración en la sociedad en la que conviven. Hay que hacer que el individuo se ajuste a la ley, y no que la ley haga excepciones con los individuos.

Y es que el derecho a la diferencia está muy bien, y es legítimo, siempre que no suponga una diferencia de derechos, lo cual es, además de ilegítimo, injusto.

En Francia, que nos lleva años de democracia, está promulgada una Ley que no permite ningún símbolo religioso en la escuela pública (ojo, en la escuela pública, que es de todos; en una escuela privada la ley no tiene derecho a inmiscuirse, como no lo hace ni en la iglesia ni en la vida privada de las personas).

Espero que algún día nos pongamos a ese nivel por el bienestar de todos, incluyendo a las niñas que hoy llevan el velo.

El término hiyab (en árabe, حِجَاب ḥiŷāb) procede de la raíz ḥaŷaba, que significa “esconder”, “ocultar a la vista” o incluso “separar”: da lugar también a palabras como “cortina” o “pantalla”, y por tanto su campo semántico es más amplio que el del castellano “velo”. ¡Tela!

Domingo, 25 Noviembre 2007 Publicado por cachito | Personal | | 2 comentarios