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Para mis chorraditas

Amores perros (Alejandro González Iñárritu, 2000)

Para quien no la haya visto, aconsejo que no lea este comentario, pues quizás “destripe” un poco la película, aunque creo que, a estas alturas, quedarán pocas personas amantes del cine sin verla.

La película empieza a gran velocidad, en un coche. El asiento trasero inundado de sangre, una vida se escapa… El conductor habla, le suplica que aguante un poco hasta llegar a un hipotético refugio, conduce amenazado por perseguidores armados: la proximidad con Reservoir Dogs es flagrante.

Ya el título hace referencia a los perros en ambos casos. Una tiene lugar en L.A., la otra en México. Pero los tiros tienen menos glamour al otro lado de la frontera, los destinos están, de algún modo, marcados por un irremediable fracaso. La realidad implacable deja pocas esperanzas.

No me quedaba más remedio que citar a Tarantino al hablar de esta película. El comienzo es un homenaje, una base sólida que sirve para anclar a la película, como si hubiera que pasar por ahí para exorcizar el respeto que siente… Sin embargo, una vez que se ha asumido esta referencia, el resto se sitúa en un mundo totalmente personal. El trabajo del sonido y la música destacan los acontecimientos con fuerza. Como en estas primeras imágenes: un sonido saturado que llega al corazón y al estómago y pone la piel de gallina ante una urgencia extrema. Con las imágenes justas, fija los personajes, capta sus vidas como en un azar organizado, transforma a los personajes secundarios en protagonistas. Personas que nunca tendrían que haberse conocido se reúnen bajo el estrépito de un accidente de coche.

Susana y Octavio viven un amor un poco incestuoso y, es en ese sentido en el que es “perro”. Animal, orgánico, como dos pieles que se atraen y se respiran. Susana es cuñada de Octavio, casada excesivamente pronto, sufre la violencia de su esposo y los sarcasmos de su suegra. Entonces, su amante (este inocente Gael de maravillosos ojos verdes) que tiene el entusiasmo y el romanticismo propio de su edad, le promete una vida mejor en otro sitio. Gracias a su perro Cofi, gana las apuestas en las peleas de perros y acumula una pequeña fortuna. Hermano de sufrimientos de Octavio, el animal es su doble. No es mártir puesto que no es héroe. En la vida cotidiana no existen esas “figuras”.

La primera vez que vemos a Valeria es en la TV. La historia de Daniel y Valeria es más superficial, nos presenta a un hombre que deja a su mujer e hijos para vivir con una modelo española cuyo único lazo sincero con un ser vivo parece ser el que la une a su perro; para el animal ella no es una figura de papel sino su “ama”, la persona que se ocupa de él. El perrito, muy cuidado, es el reflejo de la modelo: sin embargo, ambos, desnudados de todo artificio, aparecen afeados al máximo… Así podrán construir una vida sincera donde no habrá lugar para la futilidad de la belleza y de sus caprichos.

Finalmente, el relato del Chivo y Maru es, para mí, el más intenso.

 

El Chivo, interpretado con un estoicismo magistral por Emilio Echevarría es un vagabundo que vive con una banda de perros y que se gana la vida ejecutando contratos para un policia corrupto… intenta volver a ver a su hija Maru que lo creía muerto.

La violencia en Amores perros es brutal, dolorosa y para nada parte de un espectáculo… y, es curioso, cómo se anuncia que ningún animal ha sido herido durante el rodaje, mientras que la violencia contra los humanos no necesita ninguna explicación.

El personaje del Chivo muestra esa dualidad: en una escena en la que lee el periódico lo vemos rasgar la página que habla del crimen que ha cometido para ira a dar con la necrológica de su mujer. Cuando salva a Cofi, lleva a su hogar a un animal salvaje que matará alos demás perros para convertirse en su único compañero: constatación cruel de los efectos de la violencia.

Amores perros presenta a la vez aspectos universales y otros propios de México. Por una parte, la película podría haber sido rodada en cualquier sitio: la precariedad económica es tan visible en Los Ángeles, como en París o Madrid. Por otro lado, se encuentran temas muy mexicanos, de hecho el argot utilizado debe de ser muy específico ya que, por momentos, deseé que la cinta estuviera subtitulada en “mi castellano” ya que tuve muchas dificultades para penetrar al cien por cien en la película.

La interpretación de todos los actores es excelente, pero creo que la de Emilio Echevarría debería quedar en los anales de las grandes interpretaciones.

En un momento dado, Susana dice a Octavio algo así como: «Si quieres hacer reir a Dios, háblale de nuestros planes», constatanto que, sean cuáles sean las decisiones que se tomen, el destino puede decidir de otro modo. Aparte de esta ironía sobre el destino, la película se recrea buscando un humor absurdo en los momentos más sombríos.

Alejandro González Iñárritu consigue crear una película fuerte cuyas imágenes no te dejarán fácilmente.

Jueves, 28 junio 2007 - Posted by | Cine

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