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Para mis chorraditas

El Bosque / The village (M. Night Shyamalan, 2004)

The village cuenta un temor rural, a la antigua, tomando como decorado una aldea perdida en medio de un bosque inquietante. Sin temporalidad precisa, la película parece una especie de western medieval, con sus personajes salidos de otro tiempo: organizados como una pequeña comunidad, con sus ritos y terrores ancestrales, en este caso, la presencia de criaturas terroríficas que habitan el vecino bosque. El hacha de guerra es desenterrada por la irrupción de un habitante de la aldea en el dominio de las criaturas. Empieza un período de miedo…

De las últimas películas de Shyamalan, ésta es donde la singularidad del cineasta ha sido llevada al extremo. Le basta con algunos planos ralentizados (dos hermanas barriendo), el continuo recurso a la música de Newton Howard, para darse cuenta de que a Shyamalan ya no le interesa la blancura original del género (Señales, y la pureza increíble de su puest en escena), sino su capacidad para resistir a una forma más amplia, puramente clásica y americana, de melodrama fogoso y caballeresco. Bonita historia de amor entre una ciega agraciada y el huraño pero valiente Lucius, la película se emplea en mezclar géneros, tejiendo con un bordado sensorial saturado de estados contradictorios para volver siempre a emociones muy sencillas: risa, tristeza, espanto, miedo primitivo.

Shyamalan hace juegos malabares de escena en escena, sobre un hilo mantenido, llegando hasta a atreverse a lo peor sin que nos demos cuenta: escena de salvamento ralentizada con pianos y violines, aparición de criaturas que parecen disfraces de carnaval, a mil leguas de los avances en materia de efectos especiales. De este aspecto barroco es de donde The Village saca su poesía fúnebre y venenosa: cielo blanco como lencería recién lavada, ambiente acuoso, carnaval de espanto donde se oponen colores lívidos (verde y marrón del bosque, de las praderas y del lodo invernal) y manchas obscenas y magníficas (el rojo vivo y el amarillo de los ropajes). Los momentos de terror son escasos, pero fuertes.

Creo que Shyamalan es el continuador del género de terror, un funámbulo cuya soltura técnica consigue hacer cohabitar una cantidad imposible de registros, velocidades y niveles de juego: frontalidad y simplicidad, gesto conciso y efectos inflados de forma alucinante, rigidez orgullosa y flexibilidad prodigiosa, cálculo puro y simple e improvisación genial (el plano secuencia extraordinario del encuentro final con la criatura). El cine de Shyamalan tiene una calidad y eficacia innegable. No tiene igual para mostrar un ambiente terrorífico allí donde otros juegan con efectos sonoros y sobresaltos fáciles.

Única cosa que lamento: que el final esté algo menos logrado que en los precedentes, al levantar un poco pesadamente el velo sobre el misterio que había entretejido brillantemente.

Jueves, 28 junio 2007 - Posted by | Cine

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