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Para mis chorraditas

El secreto de Vera Drake/ Vera Drake (Mike Leigh, 2004)

De Eustache:

El secreto de Vera Drake



Mirada Adulta Sobre el Aborto

Siempre que un discurso fílmico se sustenta sobre material que afecta a los cimientos de nuestra conciencia colectiva se tiende a descartar como opción válida para abordarlo los ejemplos individuales, buscando siempre antes que el ejemplo la voluntad de ser ejemplar.

Viene esto a colación de la última criatura de Mike Leigh, titulada El Secreto de Vera Drake y recientemente estrenada en cines, que, como no podía ser menos en el caso de éste tan inteligente como antidogmático cineasta británico, se desmarca de cierta mirada autocomplaciente y apriorística propia de los llamados “cineastas sociales” para ofrecernos un retrato de profundo humanismo sobre el complejo y terrible problema del aborto, dejando que los hechos sean la guia sobre la que encarrillar las posible interpretaciones -morales, sociales, religiosas- sin que éstas conviertan a los personajes en intérpretes vicarios de los postulados del autor. Y justamente ahí radica la grandeza de la propuesta. Veamos por qué.

 

La película nos cuenta la historia de Vera, una mujer que dedica su tiempo a ayudar de forma desinteresada a los más necesitados, ya sea cuidando a minusválidos o practicando abortos caseros a míseras jóvenes sin información o madres de familia que no pueden sostener económicamente a otro hijo más (recordemos que la acción está localizada en la década de los 50, con lo cual ni la información ni los medios eran comparables a los actuales).

Vera ayuda a la gente que le rodea por la sencilla razón de que lo necesitan, sin cuestionarse en ningún momento la inconveniencia de lo que hace. Son personas que tienen un problema -y muy grave- y ella les regala su generosidad, limpiamente, sin cobrar nada a cambio, sólo buscando reconfortar y hacer bien su labor.
Pero Bajo esta apariencia de cotidianidad, Vera esconde a su familia éstas prácticas, nunca sabremos si por miedo a las recriminaciones y la incomprensión y por simple convicción de que éstos asuntos nunca deben traspasar la esfera de la intimidad y el pudor.
Vemos a una mujer abnegada, que además de ayudar a los demás, trabaja limpiando casas en un barrio elegante y cuida y mima a su marido y sus dos hijos. Y todo esto sin asomo de pesadumbre o cansancio, muy al contrario, siempre con una cancioncilla que tararear entre dientes.

La tragedia se desata cuando una muchacha a la que Vera practica un aborto está a punto de morir desangrada por una infección…

Asistimos, tan estupefactos como la protagonista (una Imelda Stauton sencillamente prodigiosa) al derrumbamiento psicológico de esta mujer enfrentada a unas leyes que desconoce, pero que no la eximen de culpa. Aquí es donde se pone de manifiesto la impresionante forma de rodar de Mike Leigh, ocultanto a cada actor/actriz las líneas de diálogo del resto de los intérpretes con lo cual se añade el factor sorpresa para los implicados activamente en la representación, y no solo para los espectadores, como es habitual.

El guión nunca está cerrado ya que la premisas de la historia son enriquecidas por improvisaciones añadidas.
No estamos ante marionetas más o menos brillantes en sus actuaciones, sino que cada intérprete se hace dueño de la identidad del personaje hasta sus últimas consecuencias.

 

 

El desarrollo de la historia es tan limpio como estimulante, ya que el director no redime a ningún personaje, ni busca la mistificación fácil que proporciona el juego de la ficción. Se trata de exponer la lucha entre las actuaciones de conciencia indivuales y su fricción con la legalidad, no de enjuiciar a una u otra parte.

 

 

A pesar de que el asunto del aborto ha sido pensado y discutido innumerables veces, en esta ocasión, al dar relevancia a una persona humilde que sorprendentemente no cobra por lo que hace, sino que sólo se mueve por un profundo humanismo, nuestra perplejidad como espectadores adultos salta ante la interrogación que denotan sus ojos, ¿como es posible que la ley castigue la prodigalidad por los demás?, ¿donde empieza a retroceder la verdad para instaurarse el derecho? ¿quien puede decidir y mensurar el sufrimiento de las personas antes sus circunstancias?. Que cada cual se interrogue, nos dice esta dolorosa historia.

Lo que flota cuando salimos del cine es una sensación de indefensión y de incapacidad del poder de articular situaciones que afectan a la esfera sacrosanta de lo privado, legislando derechos y obligaciones que no son más que decisiones íntimas de cada uno.

Jueves, 28 junio 2007 - Posted by | Cine

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