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Para mis chorraditas

Las Invasiones bárbaras / Les invasions barbares (Denys Arcand, 2003)

La trama es sencilla: se trata de un hombre en la cincuentena afectado por un cáncer y que va a morir. Es un epicúreo, un verdadero hedonista intelectual de izquierdas, excepcionalmente ocurrente. Pero el personaje, al mismo tiempo, es un “cabroncete” que ha engañado a su mujer repetidamente, que no se entiende con su hijo al que grita desaforadamente al cabo de 30 segundos de conversación. Y, justamente, éste viene a su lecho de muerte, llamado por su madre, y se da cuenta de que debe hacer todo lo posible para hacerle más llevaderos sus últimos días, ayudarle a morir en las mejores condiciones y, sobre todo, demostrarle su amor. El lazo entre padre e hijo está constantemente evocado con mucha finura. La historia no cae en la melancolía, aunque el relato aborde situaciones tristes que casi todo el mundo ha vivido: la pérdida de un ser querido. Yo misma perdí a mi padre, víctima de un cáncer fatídico hace seis años, no sé si me habría gustado tanto la película si la hubiera visto justo después de su muerte, pero con la distancia, he conseguido encontrarme a gusto en esta película tan humana. Lo único que choca es saber que, disponiendo de muchísmo dinero, todos los esfuerzos que hicimos en casa para hacer más agradables sus últimos meses, habrían sido más fructíferos… Es normal que, si puedes hacerlo, te esfuerces en conseguir que las personas que amas vivan lo más agradablemente posible sus últimos días.

Los actores son excelentes y los diálogos, tanto en la vertiente humorística, como en la dramática, están finamente construídos. Especialmente emotiva la escena donde la hija habla a su padre a través del ordenador y dice: “El padre es el primer hombre en la vida de su hija” –¡es tan cierto.

La película no es un divertimento banal sino algo ambicioso que gusta si eres capaz de integrarte en las reflexiones que propone: teoría/práctica, cultura/éxito, locura/razón, tratadas, todas ellas de modo sutil y con gran sensibilidad.

Construído meticulosamente, cada plano encuentra sentido de modo casi mágico. Todo “suena” justo, desde la crítica social hasta el retrato de un intelectualismo, quizás desaparecido, añadiendo algunas dudas, parábolas fuertes (y bienvenidas) sobre la religión, la mercantilización del amor, la debilidad de los sentimientos y, sobre todo, el humor. Ahí descubirmos su toque de maestría: en la crónica del final de un mundo (¿nuestro?, ¿mío?) de lecturas, de ideas, de un buen vaso de vino compartido en torno a una conversación durante un tiempo que se deja pasar lentamente. Y la llegada explícta de un mundo vacío, superficial, basado en el dinero…aunqeu el final nos deja una pequeña nota de esperanza.

De todos modos, creo que sería conveniente ver la película anterior: El declive del imperio americano, para poder apreciar ésta en su justo valor.

Jueves, 28 junio 2007 - Posted by | Cine

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