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Para mis chorraditas

Mamá

Mamá

La mayoría de las personas que vienen a leer aquí, saben que la he perdido y que mi dolor no tiene límites. Se ha ido como ella quería, sin molestar, sola, sin despedirse y sin avisar: una pausa eterna en su sueño. Una muerte dulce, pero nos ha dejado un vacío imposible de llenar.

Entre el torbellino de reproches que una se hace en estos momentos (¿por qué no estaba a su lado?, ¿por qué no la invité a comer en casa aquel día que preparé la comida que tanto le gustaba? ¿por qué, por qué, por qué…?), tengo al menos la tranquilidad de que ella conoció por mí mis sentimientos hacia ella y supo lo que significaba para mí. Esta carta se la entregué poco antes del día de la Madre, el año en que yo misma me convertí en madre. Estaba en el cajón de su mesilla de noche en un lugar bien visible. Me agrada pensar que la leía de vez en cuando.

¡Mamá, madre, qué sola me has dejado…!

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Otros años, cuando llegaba el «Día de la Madre», te mandaba flores, ¿te acuerdas? Hace ya varios años que no hay flores; pero quiero que, al menos este año, el año en que yo me he convertido en madre, tengas algo especial de mi parte. Por otro lado, teniendo en cuenta que se ejerce de madre todos los días, ¿por qué esperar a que nos digan que es el “día señalado”?

Tú sabes cuánto te quiero (lo sabes ¿no?), pero quizás ahora, el hecho de ser madre yo también, hace que aprecie más tu abnegada y continua dedicación y entrega a todos nosotros, y concretamente a mí. Nunca me has fallado, estás siempre donde se te necesita. Si el tiempo y la edad hacen que te pierda, mi vida sentirá un enorme vacío y sé que ese día estaría dispuesta a dar una fortuna por poder volver a verte aunque sólo fuera un instante, para poder abrazarte otra vez.

Tu amor por nosotros es inmenso y tus cuidados no se agotan nunca; ningún esfuerzo ni sacrificio ha sido jamás excesivo para ti: nos has ayudado en los estudios, nos has mimado en la enfermedad y el dolor, has disfrutado con nuestros éxitos y sufrido nuestros fracasos y decepciones, nos has escuchado como una amiga cuando teníamos problemas, eres feliz si nos ves felices y, si alguna vez alguien nos ofende o nos ataca, no dudas en hacer lo que sea por salir en nuestra defensa.

A tu lado los dolores se olvidan, o, al menos, son más soportables. No concibo un momento difícil sin tenerte a mi lado, cogiéndome la mano; pero tampoco me gustaría dejar de compartir contigo las pequeñas o grandes alegrías, los momentos agradables, las grandes ocasiones: cuando nació Irene te necesitaba allí donde estabas, en mi habitación, haciendo que los dolores fueran más llevaderos, pero, cuando salí del paritorio, colmada de orgullo y dicha, me habría decepcionado si no hubieras estado allí para abrazarme y para decirme lo bonita que era tu nieta con la felicidad brillando en tus ojos.

Eres mi modelo a imitar y desearía ser para mi hija, al menos una modesta réplica de lo que tú eres para mí.

Por todo esto, te pido perdón ahora porque sé que muchas veces no he sabido corresponderte, sé que, en ocasiones, me he portado mal contigo, que he podido defraudarte y hacerte sufrir y llorar. Y me duele en el alma cada lágrima que has derramado por mi culpa.

Quiera Dios, el destino o quien quiera que gobierne la existencia, que permanezcas a mi lado aún muchos años. Que Irene tenga la fortuna de poder disfrutar de ti, que, no me cabe duda, serás su abuelita preferida… ¿Te he dicho alguna vez cuánto te quiero?

Y… ¿sabes que me encanta que me digan que Irene se parece a ti?

Sábado, 5 abril 2008 - Posted by | Personal

2 comentarios »

  1. Es que quiero decirte muchas cosas, pero no sé cómo hacerlo..

    así que sólo te diré que gracias siempre por ser tú, por compartir con los que te queremos tu dolor y tus alegrías, o algo tan inmenso como el amor que hay en todo lo que has incluido en este blog; por escuchar atentamente nuestras retahílas y darnos siempre una solución, por involucrarte, por tener ese corazón desbordado que te lleva a querer ayudar al mundo, y por dar siempre todas las oportunidades necesarias a cada situación por peliaguda que sea.

    Los que te faltan te han dejado mucho amor, tanto el que has recibido de ellos como el que te han enseñado a dar. Tú lo dices, has sido muy afortunada. Yo creo en mis Ángeles, siento que me cuidan y estoy segura que tú también los tienes a tu lado.

    Tienes todo mi respeto, mi profunda admiración, y todo mi amor.

    Como dice tu marido, tú es que eres… muy grande!

    Comentario por Cuca | Lunes, 9 junio 2008 | Responder

  2. Por supuesto este comentario es para ti, y no especificamente a este texto tan tuyo. Es para ti por todos los textos que he leído en tu blog y que, aunque no me han sorprendido viniendo de tu corazón, sí me han emocionado al extremo.

    Comentario por Cuca | Lunes, 9 junio 2008 | Responder


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