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Para mis chorraditas

¡Un mes!

Pasan los días y mi dolor, lejos de disminuir, es más fuerte. Quisiera contarte muchas cosas, pero no estás para escucharlas. ¿Por qué te fuiste así, sin que nada pudiera hacer para evitarlo? Ahora sólo encuentro silencio, ausencia. Te echo de menos y te necesito. No sé si llegaste a saber cuánto te quise. Y cuánto sigo queriéndote.

Nunca, en mi vida, he pasado tanto tiempo sin hablar contigo. Sin verte, sí. Cuando me fui a Francia. Pero, de un modo u otro, siempre me las arreglaba para hablar contigo. Ni una semana podía pasar sin contarte mis cosas y escuchar las tuyas. Siempre recordaré el día que me llegó la carta donde me notificaban que había sido seleccionada para irme aquel curso a Francia. Tenías los ojos rojos, habías llorado mucho, por la pena de estar un año sin mí, pero tenías el sobre apoyado en una botella de cava junto a unas flores y fuiste capaz, a pesar de tu dolor, de compartir conmigo la alegría. Ésa era tu condición: siempre pensando en los demás por encima de tus deseos, de tus intereses, de tus sentimientos.

¡Un mes ya! Una noche como ésta te fuiste a dormir y por la mañana, ya no estabas.

Todos me aconsejan que recuerde los buenos momentos, y han sido tantos… los tengo en la memoria grabados a fuego, pero siempre, de modo recurrente, se superpone una imagen que quisiera borrar de mi mente. Y hace mucho daño.

Ir a tu casa. Abrir armarios, decidir qué hacer con las cosas, los recuerdos, los regalos que has acumulado durante una vida. Quisiera guardarlo todo, mantener intacto todo como tú lo dejaste. Y cada vez que entro en tu dormitorio creo que voy a volver a verte como te encontré. Y, al mismo tiempo, si suena el teléfono a tus horas siempre pienso: «ahí está mamá»: cuando sabías que ya había vuelto de llevar a Irene al cole, por la noche, cuando tenía que decirte que te llamaba yo, porque iba a acostarla. Y a deshoras, cuando se te ocurría algo que contarme. Paso junto a la cafetería donde desayunabas con tus amigas, y donde, cuando podía, me acercaba a verte y a darte un beso, y siempre insistías en que me tomara un café con vosotras, y yo lo rechazaba, porque ya había desayunado, aunque me sentaba a charlar un rato si no tenía mucha prisa. No quiero mirar aunque a veces, me hago ilusiones de que vas a estar sentada en tu sitio. La primera, porque eras puntual.

Cuando venías a casa, y a pesar de tener siempre las llaves contigo, llamabas a la puerta. ¿Por discreción? ¿Por no molestar?

Escribo a golpe de sentimientos, desorganizada… La cabeza me da vueltas y no me deja dormir. Estaba llorando en la cama y he despertado a Manolo, por lo que me he venido aquí, a hablar contigo. Y te diría, como en mis últimos sueños, cuando te veo reaparecer aunque para los demás seas invisibles: «Esto no va a volver a pasar, porque ya no voy a separarme de ti ni un minuto». Ojalá estuviera en mis manos.

Martes, 29 abril 2008 - Posted by | Personal

1 comentario »

  1. Eso es bueno y lo estaba esperando. Vaciar, verter los sentimientos en papel no evita el sufrimiento, no lo aparta, no lo excluye, pero ayuda.
    También ayuda compartir el dolor y las lágrimas; ayuda que los demás lo sepan aunque no se hable.
    Todo ayuda. Pero sobre todo el tiempo.
    El paso del tiempo es lo único, creo yo, que va mitigando el dolor que, aunque sigue ahí, impreso como a fuego, aprendes a guardarlo como un tesoro. Y de vez en cuando abres de nuevo el cofre para ventilarlo o para guardarlo en ese otro recipiente donde están todos los temas más personales, más vividos, con sus personas, con sus dolores, pero también y sobre todo, con sus alegrías.
    Y sigues, no queda más remedio.
    Y habrá quizá otras paradas dolorosas también. Y habrá que continuar…
    Pero también, no lo dudes, vendrán muchas alegrías y las vivirás con plenitud y sentirás que ella, que ellos, ya no estén para compartirlas, pero las disfrutarás igualmente porque, entre otras cosas, tienes con quien compartirlas y disfrutarlas porque hay otros amores y otros amados.
    Y seguirás…

    Comentario por Tita | Martes, 29 abril 2008 | Responder


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