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Para mis chorraditas

No se fijan

«Vino Juan, que no comía, y dijisteis: tiene demonio. Ahora vengo yo, que sí como, y me llamais glotón». Perdonen que, en contra de mis hábitos, me ponga hoy evangélico para comenzar pero la verdad es que -como votante de UPyD- comparto en este momento la irritación de Cristo frente a las críticas tendenciosas. Antes de las elecciones se nos auguró que seríamos borrados del mapa hasta el punto de que ya nadie recordaría el nombre del partido dentro de un par de meses; como no ha sido así, más bien todo lo contrario (según las encuestas la intención de voto a UPyD se ha duplicado), ahora resulta que Rosa Díez es oportunista o que está mostrando su rostro oscuro al votar junto a ciertas formaciones de izquierdas en el Parlamento. Si hubiésemos perdido, habría quedado demostrado que éramos un bluf; como las cosas nos van bien y todo apunta a que van a irnos mejor, gracias al apoyo de los ciudadanos, es indudable que nos estamos aprovechando del prójimo. ¡Señor, qué cruz!
Yo creo que todo eso pasa porque nuestros críticos no se han fijado ni antes ni ahora en lo que decíamos en nuestro programa. Claro, es una distracción muy comprensible: ¡como todo el mundo sabe que los programas de los partidos están para no ser cumplidos! Pero mira por dónde, resulta que lo peculiar de nuestro partido es que sí nos tomamos en serio el programa que ofrecimos a los votantes. Durante la campaña electoral nos negamos cortésmente a modificar nuestros planteamientos para caer bien a unos y a otros a la vez, para pescar en todos los estanques. Y ahora Rosa Díez, en su brillante debut parlamentario (¡cuánto puede hacer una persona en el Parlamento cuando sabe lo que quiere hacer!) está llevando a cabo ni más ni menos lo que prometimos. ¿Sorprendente? Pues mal deben de estar las cosas en la política de este país para que ese comportamiento constituya algo desconcertante y casi escandaloso.
¿Por qué UPyD vota en el Parlamento indistintamente a favor de propuestas del PSOE, del PP, de IU o de cualquier otro grupo político? Sencillamente, porque para nosotros son todos por igual (incluso aunque ellos se quieran creer otra cosa) representantes de la ciudadanía española. Si se apoyasen solamente las iniciativas de unos grupos y se descartasen a priori todas las que provienen de otros, tendríamos una visión sectaria y mutiladora de la representación democrática. Quizá algunos padezcan esta dolencia, pero no es nuestro caso. De modo que, una vez concedida la misma legitimidad a todos los parlamentarios, UPyD vota a favor o en contra de lo que en cada caso se propone, no de quién lo propone (y del mismo modo aceptamos los votos a favor que reciben nuestras propuestas sin exigir que quien nos apoya coincida en todo y por todo con nuestro ideario). Resulta además que procuramos ser coherentes en la línea política que seguimos. Por ejemplo, votar por la retirada de símbolos religiosos de locales y ceremonias institucionales no es una concesión infantil al izquierdismo, sino una lógica consecuencia de la seriedad con que nos tomamos los símbolos. Lo mismo que exigimos que la bandera española ondee en los edificios oficiales, no por ningún atavismo sentimental, sino porque representa nuestros derechos y libertades democráticas, pedimos la retirada de crucifijos y otros emblemas religiosos, muy respetables en sí mismos pero que no representan las creencias de todos los ciudadanos ni concuerdan con la laicidad que consideramos intrínseca a nuestro Estado. Así de fácil y así de coherente.
Cuando formábamos parte del movimiento cívico Basta Ya se nos reprochaba que nos metiésemos en política porque no teníamos los votos de nadie para respaldarnos: ‘¡si quieren hacer política, que funden un partido!’. Eso es lo que hemos hecho precisamente y ahora también hay quien se queja: ‘¡con lo bien que estábais como movimiento cívico, sirviendo de puente para unir a los constitucionalistas, etcétera!». Vamos a ver: en situaciones de acoso a la Constitución, como en el País Vasco, sin duda UPyD hará cuanto sea posible por renovar y reforzar ese frente constitucional que tanto desazona al genial Patxi López. Si resulta imposible lograrlo, no será porque nosotros no lo intentemos hasta el último aliento, contra la conjura de los necios. Ahora bien, la Constitución es el marco dentro del cual deben jugar los partidos (aunque sea para proponer modificarla) pero en sí misma no es un proyecto político ni puede remediar la falta de proyecto de algunos o su entrega al pragmatismo de ‘lo primero ganar las elecciones y una vez todos colocados, ya veremos’. UPyD defiende una determinada propuesta de futuro del país -es decir, de España, dicho sea sin rodeos ni complejos- que no consiste sencillamente en aborrecer la ‘traición’ del PSOE o la ‘crispación’ del PP, según el simplismo sectario de los cuentistas al uso, sino en ofrecer al elector objetivos políticos nuevos o renovados y mejor articulados que los demás. Por eso tenemos ya que ser partido político y no un movimiento cívico. Desde luego, si algunos tanto echan en falta ahora esos movimientos les recomiendo que los pongan en marcha otra vez: no hay más que esforzarse y molestarse un poquito. Cuentan con toda nuestra simpatía.
Que no, que se fijen bien, que no queremos desconcertar a nadie: somos lo que dijimos que íbamos a ser (aunque no, claro, lo que algunos quisieron creer que éramos). Un partido progresista que defiende sin vacilaciones la unidad del Estado de Derecho por encima de cualquier federalismo asimétrico; un partido consecuentemente laico, porque creemos en la libertad de conciencia; un partido que defiende la educación cívica de los neófitos porque considera que éstos no pueden estar entregados sin más al arbitrio caprichoso de sus padres, dado que la sociedad no es una superposición de familias; un partido que quiere regular bien la inmigración así como ayudar laboral y socialmente a los inmigrantes, pero no va a apoyar que se los interne durante año y medio sin juicio en campos de concentración o se los expulse porque ahora hay crisis económica y ya no se les puede explotar como antes (como acaban de hacer por cierto en el Parlamento europeo tanto los populares como los socialistas españoles); un partido que sostiene como fundamentales las garantías o derechos laborales conseguidos a través de luchas seculares y por tanto no apoyará horarios neoesclavistas para los europeos. Que nadie se lleve las manos a la cabeza, nosotros nos tomamos en serio la coherencia de nuestro programa y queremos mirar hacia el futuro y no morder a izquierda o derecha. Fíjense bienen lo que decimos, luego en lo que hacemos, y ya verán.

Domingo, 22 junio 2008 - Posted by | Sociedad

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