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Para mis chorraditas

La cultura del fútbol

Iker Copa

Otro excelente artículo de un gran amigo:

La cultura del fútbol

Manuel Ruiz Zamora | Actualizado 02.07.2008 – 01:00

EN las páginas de ciencias de un diario nacional un grupo de antropólogos, esos científicos sociales que suelen considerar patrimonio de la humanidad las ceremonias más aberrantes de otras culturas mientras que juzgan como aberraciones las más inocentes de la nuestra, so pretexto de analizar la Eurocopa 2008, obsequian al lector con toda la parafernalia de tópicos a los que el, así llamado, “mundo de la cultura” nos tiene acostumbrados cada vez que aborda el fenómeno del fútbol: la violencia, las pulsiones identitarias y nacionalistas, el machismo, el racismo, la xenofobia… Jordi Salvador Lluch, por ejemplo, autor de un libro de tan científico título como Fútbol, metáfora de la Guerra Fría, afirma impávidamente: “Los estadios son islas de permisividad en los que la gente busca emociones como el peligro y la venganza y donde pueden insultar al árbitro, ser racistas y homófobos como nunca lo serían en la calle”; y Manuel Mandianes, profesor de investigación en el CSIC, sentencia a quemarropa: “En un estadio damos un salto sobre la educación y volvemos al estado natural del ser humano”.En general, los intelectuales se han hecho siempre un lío con las cosas del deporte. Aún están recientes los tiempos en que el fútbol era considerado el summun de lo reaccionario, lo vulgar y analfabeto; y aún hoy no resulta del todo infrecuente verlo convertido en la ejemplificación más significativa de la intrínseca rudimentariedad del macho frente a la exquisita complejidad espiritual de la mujer. Muchos de estos rancios prejuicios pueden remontarse a la filosofía de Platón, verdadero padre espiritual de Occidente, que decretó no sólo que el cuerpo y el alma constituían entidades diferentes y separadas, sino que la procedencia del primero era tan plebeya como aristocrática era la de la segunda.A ello vendrían añadirse más tarde las ensoñaciones metafísicas del idealismo romántico alemán, que inauguró un concepto de cultura según el cual sólo podía considerarse tal aquello que se correspondiera con los entretenimientos de la clase social a la que pertenecían los promulgadores del término. El marxismo, por último, con su decisiva fagocitación de la clase intelectual, prescribiría que cualquier género de disfrute que alejara a la clase obrera de sus objetivos revolucionarios significaba una forma inaceptable de alienación capitalista y debía, por tanto, ser condenada sin paliativos.

El problema de los intelectuales, como cualquier persona con cierto sentido común sabe, es que, nublados por los vapores estupefacientes de sus propias ideas, apenas si han sido alguna vez capaces de ver lo obvio, que es, como ya advirtiera Zubiri, lo más difícil de ver. Si el hombre es, como sostenía Ortega, un animal para el que sólo lo superfluo es necesario, el fútbol no sólo sería cultura, sino una altísima manifestación de ésta: sin entrar en las virtualidades de un deporte que ofrece a los grupos humanos una forma civilizadísima y extremadamente creativa de sublimación de los instintos más gregarios y agresivos, lo que se desarrolla dentro del terreno de juego es un ceremonial de carácter agónico sometido a un sistema de reglas de enorme complejidad y sutileza.

Los contendientes han de poner en práctica eficaces estrategias de equipo, que no sólo no anulan, sino que implican y exigen la excelencia de las capacidades individuales puestas al servicio del colectivo. No vale cualquier cosa, sin embargo. Decía Camus que todo lo que sabía de ética lo había aprendido en el fútbol. Las normas de juego prescriben deportividad, juego limpio y respeto al adversario. Perder y ganar son igualmente honorables, pero siempre que se haya cumplido con esos preceptos normativos.

Pero, además, la eficacia resulta insuficiente si no se acompaña de cierta sugestión de armonía, de orden, de belleza. Se valora particularmente a los equipos que desarrollan un juego imaginativo, a los colectivos que ofrecen destellos de fútbol organizado e inteligente, y se desprecia en el fondo, aunque ganen, a los equipos que tan sólo ansían el triunfo a costa de lo que sea. La estética es tan importante como la ética, aunque también intentarán convencernos los circunspectos pensadores postmarxistas de la Escuela de Frankfurt de que la belleza es algo reaccionario. Nuestros adversarios alemanes de la final parecían unas víctimas propiciatorias de tal prejuicio.

Si los poetas de nuestro tiempo estuvieran menos ocupados en abrumarnos con sus trivialidades emocionales que en cantar la belleza allá donde surja, tal vez dispondríamos de un Píndaro que eternizara en versos la majestuosa solvencia de Senna, la clarividencia de Xavi, el instinto de gol de Villa… Por favor, que dejen ya de intentar convencernos de que el fútbol es la antítesis de la cultura: a estas alturas tan sólo los incultos creen que la cultura consiste en leer novelas de Almudena Grandes.

_________________________________

Respuesta de mi Manuel:

Querido Manuel:

Realmente sobresaliente el articulillo de hoy en el Diario. Tengo que confesarte -un vez más- que yo también he pensado estos días atrás, mientras disfrutaba del fútbol, que el deporte compendia todos los géneros que en el mundo han sido, desde la épica a la tragedia, pasando por la lírica y el drama. Además de la geometría, la belleza o la estrategia, como tú bien indicas.

Pero además de las potencialidades estéticas y éticas del deporte, existe un ingrediente que, a mi juicio, es el verdadero desencadenante que hace del fenómeno del deporte algo verdaderamente popular y que no puede poseer, por su propia naturaleza, ninguna otra manifestación estética: la indeterminación como esencia del juego,la pura posibilidad, el work in progress permanente. Todo es posible mientras se nos ofrece, pues nada está cerrado a priori, como sí sucede en un cuadro, un libro o una película, donde el producto es mera taxidermia, ya que no tiene el poder proteico de la metamorfosis, de lo por hacer.

Por esta razón una segunda lectura de un libro que nos ha gustado suele ser más provechosa que la primera, mientras un espectáculo deportivo visto de nuevo carece ya de la intensidad de la primera vez, y aunque permanecen inmutables sus elementos estéticos, notamos la falta del factor sorpresa, que es, ni más ni menos, lo que lo acerca tan rotundamente a la vida.

Jueves, 3 julio 2008 - Posted by | Sociedad

9 comentarios »

  1. Queridos amigos:

    Me atrevo a irrumpir en estas disquisiciones metafísicas sobre algo tan fútil como el fumbol, y es que mi frágil paciencia ya ha sido superada con creces por la dosis tóxica que nos han hecho tragar, no solo durante el transcurso del año, sino que, para rematar, este mes con la dichosa Eurocopa. No me pararé en lo archiconocido e indiscutible del pan y circo, pero la insufrible mezcla de patrioterío barato, rojigualdismo por doquier y las consignas de alto calibre intelectual coreadas con fruición, incluso con pasión, por todo el pais, señores, esto no tiene nombre… Y a mi querido Manolo Rosa decirle que me ha dolido en mi corazoncito que no solo ponga al fumbol por encima de un libro o el cine, sino que, para más inri, describa a un libro con un cadáver inservible… chico, la dosis futbolera a mí me ha dejado exhausto pero a ti te ha nublado la consciencia, yo que tu me lo haría ver… Y, por fin, yo, que estoy “apriorísticamente” contra todo, cual mosca cojonera, romperé una lanza a favor de la antropología, no acepto simplificaciones como la que se ha hecho de que a los antropólogos se les abren los esfínteres con ceremonias aberrantes de otras culturas… no, hombre, no… para mí, aberrante es paralizar un pais entero por una estupidez integral y encima todos contentos por la “gesta”… reconozco que es muy conveniente para los gobernantes… eso sí… Bueno, tras el despotrique, un fortísimo abrazo. ¡Salud!

    Comentario por Ignacio Martín León | Jueves, 3 julio 2008 | Responder

  2. Otro pequeño apunte Manuel:

    Visitar el Museo del Prado o el d’Orsay no es, ni por asomo, entrar en el cutre taller de un taxidermista, NO son dos colecciones de cadáveres.
    Muy al contrario es, sencillamente, un festín de los sentidos, un camino directo y gozoso a la felicidad, ese estado inasible,fugaz y placentero que es más fácil y reconfortante alcanzar frente a un simple detalle de un cuadro de Velázquez, el Bosco o Renoir que ante la muestra de malabarismo balompédico de un atleta “profesional” pagado de manera obscena por mafiosos que han convertido un entretenimiento en un puerco negocio lleno de sucias y oscuras esquinas.
    Indiscutiblemente, un pequeño detalle de Vermeer o Rubens o Rafael o Chillida es de una calidad artistica y humanística infinítamente mayor que los embates funambulistas de un tarugo hábil y rapido. Incomparable, vamos.
    Un abrazo,
    Ignacio.

    Comentario por Ignacio Martín León | Jueves, 3 julio 2008 | Responder

  3. Estimado polemista y querido amigo Ignacio:

    Dice Ud. en su respuesta a mi breve reseña al artículo de un buen amigo lo siguiente:

    “Me atrevo a irrumpir en estas disquisiciones metafísicas sobre algo tan fútil como el fumbol”

    Primero decirle que yo solamente pronuncio una vez en mi respuesta la palabra fútbol, centrándome en lo que más me interesaba, que era el deporte de forma genérica.

    Amigo mio, yo soy un fustigador impenitente de cualquier tipo de metafísica, si bien aquí sobre lo que se reflexiona es sobre la fenomenología del deporte, su normativa, su esencia y su dinámica, que es cosa bien diferente.

    Para que Ud. entienda bien la diferencia entre una o otra podríamos decir que la fenomenología explica la naturaleza
    del deporte, mientras que la metafísica lo eleva al terreno de lo trascendente, cosa harto ventajosa, como bien sabe la iglesia o algunos intelectuales decadentes.

    Sigo con su amable carta:

    “mi frágil paciencia ya ha sido superada con creces por la dosis tóxica que nos han hecho tragar, no solo durante el transcurso del año, sino que, para rematar, este mes con la dichosa Eurocopa.
    No me pararé en lo archiconocido e indiscutible del pan y circo, pero la insufrible mezcla de patrioterío barato,
    rojigualdismo por doquier y las consignas de alto calibre intelectual coreadas con fruición, incluso con pasión, por todo el país, señores, esto no tiene nombre…”

    Si Vd. lee con atención -sólo con atención- tanto el artículo como mi comentario en ningún momento se hace reflexión alguna, ni para bien ni para mal, sobre la historia -y la histeria- que desencadena el deporte, en este caso el fútbol.
    Para mí, y Ud. me conoce bien, resulta tan molesto e irritante, además de grosero, este tipo de circo extrínseco al fútbol, que yo definiría como una romería del Rocío a escala planetaria.

    dice Ud.:

    “Y a mi querido Manolo Rosa decirle que me ha dolido en mi corazoncito que no solo ponga al fumbol por encima de un libro o el cine, sino que, para más inri, describa a un libro con un cadáver inservible… chico, la dosis futbolera a mí me ha dejado exhausto pero a ti te ha nublado la consciencia, yo que tu me lo haría ver…
    Y, por fin, yo, que estoy “apriorísticamente” contra todo, cual mosca cojonera”

    Bien, Yo pensaba que escribía de manera humilde pero clara, pero veo que corro el riesgo de que se me malinterprete así que procuraré que mi aclaración sea más diáfana aún:

    Yo no hago NINGÚN juicio de valor en ningún momento entre el deporte y las demás manifestaciones estéticas, simplemente digo que el deporte contiene un ingrediente que no poseen las demás, que es el concepto de posibilidad (como la vida, por otra parte)como esencia, es decir, que mientras lo vemos NADIE sabe ni como va a seguir ni como va a terminar lo que estamos viendo, que es lo que le dá su caracter diferencial con respecto a la literatura o el cine, donde el resultado ya está servido de antemano. Si tuvieramos la posibilidad de disfrutar del proceso de escritura de un libro realmente estaríamos en disposición de verlo como pura posibilidad, ya que para el autor todo son encrucijadas antes de decidirse a “cuajarlo”
    en la página.
    (solamente la música tiene este mismo ingrediente de indeterminación, puesto que no hay dos ejecuciones de una pieza iguales, con lo cual todas son de alguna manera
    únicas).

    En ningún momento digo -¡parece que no me conoces¡- que un libro sea un cadáver, la taxidermia es la disecación de un organismo vivo, y el libro o la película o la fotografía es la disecación última de los pensamientos del autor, supongo que en esto estará Ud. conmigo. Sé que la metáfora era osada, pero al fin y al cabo todas lo son…

    No entro en ningún momento a valorar si un libro es mejor que un partido de fútbol, entre otras cosas porque no creo que sean comparables en ningún sentido y además no quiero dejar de disfrutar de ambos. Muy al contrario, en el último párrafo de mi reseña hablo de lo maravilloso de releer, en contraposición con lo empobrecedor de ver un partido por segunda vez.

    Sigo con su carta…

    “romperé una lanza a favor de la antropología, no acepto simplificaciones como la que se ha hecho de que a los antropólogos se les abren los esfínteres con ceremonias aberrantes de otras culturas… no, hombre, no… para mí, aberrante es paralizar un pais entero por una estupidez integral y encima todos contentos por la “gesta”… reconozco que es muy conveniente para los
    gobernantes… eso sí…”

    Le aconsejo un par de clásicos -podría darle cien más solo franceses, de hecho la cultura francesa empezó a desbarrar con su antropólo más ínclito, Levi-Strauss- para ver de qué manera se le abre a los antropólogos los esfínteres con lo diferente por el mero hecho de serlo y, lo que es peor, como se le abren también a sus epígonos (estructuralistas, postestructuralistas, deconstruccionistas..etc., los curitas laicos de los que habla mi amigo.

    – El pensamiento Salvaje (levi-Strass)

    – El puesto del hombre en el cosmos (Max Scheler).

    Verá, amigo mio, como aquí sí se derrama metafísica antropológica de primer orden.

    Por cierto, que un país se paralice no es culpa del fútbol, sino del país ¿no cree?. Tendremos que despotricar otro día del pais…

    Siempre suyo,

    Atte.
    Manuel Rosa

    Comentario por zozobrascompletas | Jueves, 3 julio 2008 | Responder

  4. Querido Manuel:

    Quizá has pasado del cero al infinito por mano del Maestro, y Margarita no te advirtió, y has sufrido una metamorfosis, y es que la insoportable levedad del ser abruma en las cumbres borrascosas de la vida. Y aunque cien años de soledad pasasen jamás nadie podrá decir de Neruda o Quevedo, Camus o Cernuda crearon tan solo cadáveres secos y duros como piedras. No.

    Otro gran abrazo,
    Ignacio.

    Comentario por Ignacio Martín León | Jueves, 3 julio 2008 | Responder

  5. Mi querido amigo Manuel Rosa:

    Estoy de acuerdo contigo en que la música tiene el componente de la sorpresa, por la intrínseca imposibilidad de dos ejecuciones de la partitura exactamente iguales, aun así, salvo en la improvisación, como en el jazz, el flamenco y algunas otras músicas, la que se escribe queda fijada, y salvo variaciones en el tempo o pequeños detalles de ejecución, la pieza va siguiendo ciertas estructuras que son, digamos, esperables por el oido atento. Y esto no tiene nada de malo en sí mismo. En todo caso comparar una sonata para piano de Mozart con un remate a gol me parece casi una obscenidad.

    Por otra parte, creo que eres muy duro con los libros, caes en el error de creer que siempre hemos sido relectores, si te esfuerzas en recordar la primera vez que leiste El Quijote, un poema de José Hierro, o el Discurso del Ojo del Culo de Quevedo, todo el discurrir del texto era sorpresivo, no sabías lo que ocurriría a la vuelta de la hoja… cosa que no ocurre cuando relees la obra, la disfrutas de otra manera. De todas formas un libro vive cada vez que se abre y se lee. No es un cadáver disecado…

    Reconozco que sabes diseccionar muy bien un escrito, y me descubro ante el despliegue de erudición, ¡chapó!. Lo mío es el arrebato apasionado, a saco, quizá, me temo, un poco “deportivo”, pero siempre con cariño.

    Un abrazo de alguien que te quiere, aunque nunca vaya a sentarme contigo a perder el tiem, quiero decir ver un partido.

    Hasta la próxima andanada…
    Ignacio.

    Comentario por Ignacio Martín León | Jueves, 3 julio 2008 | Responder

  6. Querido amigo Manuel:

    Una apreciación muy pequeñita. He de decirte que la metáfora de la taxidermia no es muy afortunada, partiendo de la base de que el taxidermista no diseca un organismo vivo. A este individuo, (vaya profesión más triste…), se le llevan animales muertos, no vivos, y él con su técnica los arregla y les da aspecto de vivos.

    Al comparar este acto de dar apariencia de vida a lo que no la tiene con el acto de crear eres muy duro, incluso injusto con el esfuerzo que el creador hace para llegar a la ejecución de una obra, da igual la disciplina artística: el escultor, el fotógrafo, el escritor, el músico, todos ellos piensan, repiensan, reflexionan sobre el objeto de sus anhelos, antes, durante y también después de su ejecución.

    Y esto tiene más enjundia que lo de la ardilla muerta… y merece más respeto, también.

    Bueno, ya está, y hasta el próximo despotrique…

    Salud,
    Ignacio.

    Comentario por Ignacio Martín León | Jueves, 3 julio 2008 | Responder

  7. ignacio, no busques comparaciones donde no las puse.

    Obviamente una sonata de Mozart es infinitamente superior a una canción de Bisbal, -si así se escribe esta excrecencia de cantante- puesto que la primera funda una sensibilidad y el segundo la funde. Ná que ver.

    Pero, aunque a algunos les haga daño, no puedo comparar ni quiero la música con el fútbol, manifestaciones estéticas que no están en el mismo plano. ¿compararías un cuadro de Bruegel el Viejo con un ensayo de Michel Leiris?, caerías en el despropósito, sin duda, puesto que la epistemología
    para abordar ambos campos no tiene nada que ver. Perdón
    por la pedantería, pero es un tema que me apasiona.

    NO EXISTE UN ARTE DEL PIANO, EXISTEN SOLAMENTE LOS PIANISTAS Y SUS OBRAS, unas maravillosas y otras menos.

    Hay que quitar metafísica al ARTE con mayúsculas, que no es más que una consecuencia de miles de esfuerzos y talentos individuales, pero que no tiene entidad per se, salvo que nos creamos esas boberías de la salvación por ARTE Y LA BELLEZA. Que se lo pregunten a la inteligencia alemana de entreguerras, obsesionada por la superioridad estética de las élites, que desembocó en lo que todos sabemos.

    Lo que llamamos pomposamente ARTE es un término acuñado por el romanticismo alemán para sublimar un aspecto muy extendido entonces ,como eran los gremios y sus oficios. ¡si Velázquez o Vermeer levantaran la cabeza y supieran que los llamamos Artistas…¡, ellos eran artesanos, trabajaban por encargo y su única intención era hacer bien su trabajo.

    Yo disfruto mucho con los libros, la pintura y la música, y tú lo sabes, pero no cometo el error de sentirme ni más sensible ni superior en ningún aspecto al que le gusta el fútbol, puesto que yo también lo disfruto (ojo, el fútbol y no sus tramoyas, que son estúpidas, como bien apuntas).

    Con respecto a la taxidermia decirte que mi intención era poner de manifiesto la irreversibilidad de la obra de arte terminada, que ya no puede cambiar en su morfología, como es obvio. No me refiero, desde luego, a lo que sugiera la misma en el espectador, que puede ser algo maravilloso e inagotable. El deporte, aunque no te sugiera nada, tiene la propiedad del vuelco absoluto, de reinventarse a cada minuto, puesto que todas las posibilidades están ahí, las mejores y las peores.

    La disciplina, el autocontrol, la generosidad, el afan de superación, el esfuerzo, el espíritu de sacrifio, el compañerismo… además de necesarias cualidades del ser humano son aspectos que se dan en cualquier etapa de una infima vuelva ciclista de pueblo. El deporte como pequeño micromundo de lo que nos hace mejores.

    Un abrazo generoso y deportivo.

    Comentario por zozobrascompletas | Jueves, 3 julio 2008 | Responder

  8. Realmente, amigo mio, es un placer polemizar, o discutir contigo sobre cualquier tema, lo único que me inquieta en este momento es hacerlo a la vista de todos, tan solo espero que estén disfrutando, al menos, tanto como yo al saborear el apabullante dominio que tienes sobre los conceptos, teorías, corrientes y estéticas. Es fantástico puesto que eso me obliga a ser preciso y cuidadoso al elegir las palabras con las que plasmo mis ideas a fuer de provocar que desenfundes el florete y ataques por el hueco dejado por la imprecisión del concepto de empleo dudoso.

    Tomando un simil deportivo, (también yo, ya ves…), esto sería un duelo de esgrima entre dos caballeretes que se aprecian, pero, aún así, luchan, ¡pero solo a primera sangre! ¿eh?… Tú lucharías con florete, afilado y preciso… y yo con el sable, menos refinado, lo sé, pero no doy para más, aunque con él tambien sé llegar al fondo del asunto… así que…

    EN GARDE!

    No desnudemos a un santo para vestir a otro… Quitemos metafísica al Arte, de acuerdo, pero no se la demos al deporte. En mi humilde opinión, al deporte en general, y al futbol en particular, se le está dando, o se le quiere dar, una pátina de cualidades que no tiene, uno se queda pasmado leyendo algunas crónicas de un simple partido en el que se encuentran conceptos como: la épica, el honor, la venganza, la gloria, el heroismo… y grandes palabras del mismo estilo, y uno duda de lo que ha estado viendo ese cronista, si un simple partido de futbol, o Ben Hur, o a Marlon Brando haciendo vivir a Julio César en el Senado romano… Cuidado con arrogar al deporte la ristra de bellas cualidades que enumeras porque en él tambien se encuentran las trampas, el rencor, la competitividad descarnada y a toda costa, el hacer daño conscientemente al contrario, y otras muchas mezquindades… igual que en cualquier actividad del ser humano como el trabajo cotidiano, (aunque bien es cierto que el compañerismo, la generosidad, vaya lo que antes se llamaba fraternidad ha ido desapareciendo en la misma proporción que ha aumentado el número de propietarios, o esclavos de la hipoteca, ha desaparecido como la cociencia de clase…)

    Y decirte, además, que la inteligencia alemana de entreguerras fomentó el uso y abuso de los supuestos valores del deporte entre el pueblo alemán como método de adoctrinamiento y control de masas…

    Touché!

    Estoy contigo en que no podemos sentirnos mejores por disfrutar de una melodía de Schubert o Albéniz, ese no es el problema. Te perdono esa debilidad incomprensible del disfrute de un laaargo partido de fumbol, porque tú tienes una vida repleta de otras cosas, en mi opinión abismalmente mejores. El problema lo tienen aquellos que sólo llenan sus vidas con futbol y nada más, son una plaga, y en este pais recuerda cual es el periódico más vendido, y la radio y la televisión dedican más tiempo al futbol y otros deportes que a la cultura. Para mí el deporte no es cultura, es simple control de masas. Simple pero eficaz… bueno, voy a parar aquí que si no, acabo con el cocktail en la mano, el de Molotov, no el otro.

    Un abrazo fraternal.
    Ignacio.

    Comentario por Ignacio Martín León | Viernes, 4 julio 2008 | Responder

  9. Me encanta leer vuestro debate por aquí. Me quito el sombrero ante las alegaciones de Ignacio, aunque, sin que sea por aquéllo de que “dos que duermen en el mismo colchón…”, me siento más cercana a los argumentos de “mi manué”. Por esa razón colgué la opinión de Manuel R. Zamora y la respuesta del otro Manuel. En todo caso, tanto uno como otro habéis superado mis posibilidades de aportar algo, así que gracias a ambos y que cunda.

    Comentario por cachito | Viernes, 4 julio 2008 | Responder


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