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Para mis chorraditas

Elogio y elegía por un profesor

Elogio y elegía por un profesor

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OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL

Domingo, 21-09-08

SUS comienzos venían de lejos, de las palabras oídas en familia y en escuela según las cuales la libertad surge de la palabra y de la cultura, con las que ser protagonista del propio destino. El poder o la riqueza no eran el principio de la dignidad humana y de la excelencia. Había conocido los despegues de España desde la pobreza: el mundo rural, los suburbios en la marginación, las regiones hundidas en el olvido de los siglos. Despegues que fueron siendo posibles cuando la educación llegó a cada uno de los rincones por una escuela en cada aldea; cuando en los núcleos de población como partidos judiciales se fueron creando pequeños colegios debidos a la iniciativa privada, luego constituidos en filiales y finalmente en institutos de bachillerato. Un pupitre y un libro, una beca y un esfuerzo personal fueron creando las reales condiciones de la igualdad e hicieron posible la superación de viejos resentimientos. La injusticia, la incultura, el hambre estaban en el origen de casi todas las violencias. La superación de éstas pasaba por la eliminación de aquellas. Y el camino, para que ese proceso superador no generase nuevas violencias, era la cultura.

Esta experiencia histórica y la convicción subsiguiente estuvieron en el origen de su decisión de ser profesor, entregándose a esa etapa formativa en la que se engendran las actitudes y se performan las decisiones fundamentales de la persona, entre los 12 y los 18 años, correspondiente al clásico bachillerato, cuando el sujeto ya ha quebrado el cerco de la infancia donde todo es receptividad y aún no ha llegado a la universidad, donde la transmisión del saber se dirige, más que a la conformación presente de la persona, a la cualificación para una acción profesional futura. Y fue profesor de Instituto.

¿Cómo no hacer un elogio incondicional y agradecido de las personas, instituciones, legislación y autoridades que hicieron posible que España pasase en cuarenta años de una situación culturalmente premoderna por lo que se refiere a las masas a una situación en la que se ofrecen las posibilidades culturales para un desarrollo personal y profesional casi sin límites? Ninguna ingenuidad nos puede llevar a hacer en vacío el elogio de personalidades aisladas y erguidas como dólmenes gloriosos sobre una plebe analfabeta. Los Valera, Clarín, Balmes, Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, Unamuno, Ortega, Dámaso Alonso fueron grandes luminarias de nuestros siglos XIX y XX pero no nos pueden hacer olvidar las inmensas zonas de sombra e incultura sobre las que se alzaban.

¿Se puede decir que con el acceso de las masas la enseñanza se ha degradado y se han perdido las cotas de excelencia que la caracterizaron en fases anteriores? Nuestro profesor nunca miró hacia atrás añorando aquellos tiempos en que sólo había un Instituto de Enseñanza Media en cada capital de provincia para las clases dirigentes, y todos los demás pobres de aldea sólo tenían acceso a la cultura mediante su integración en seminarios, aspirantados y escuelas apostólicas de la iglesia. Para él las revoluciones profundas comienzan por la conciencia, haciéndole posible a cada sujeto reconocer su lugar de origen, con sus límites y posibilidades, a la vez que asumir los necesarios esfuerzos, renuncias y conquistas.

Fueron los años en los que nuestro profesor se embarcó en los proyectos de reforma, en el aprendizaje de todos los métodos pedagógicos nuevos, en la apropiación de las técnicas informáticas, de las prácticas de psicología y talleres de grupo. Fueron apareciendo sucesivas leyes que regulaban esa enseñanza, introduciéndose en la escuela los métodos más modernos, los análisis más finos que la filología, la matemática y la biología iban adquiriendo; la riqueza nacional permitía dotar de más docentes y medios más cercanos a los alumnos. Se iba diferenciando la enseñanza, sustituyendo el viejo sistema en el que uno daba todo o casi todo a un grupo de alumnos, dejando de existir el profesor que al lado forma a los alumnos, para ser sustituido por los saberes despersonalizados, ganando en precisión y extensión.

¿Qué ha ido segregando el sistema que tras esos decenios sufre un desangramiento interno, convirtiéndolo en el primer problema de nuestra sociedad? Problema porque se ha quebrado la ilusión de muchísimos profesores que habiendo ido a la enseñanza con una admirable generosidad y entrega para formar personas, tras largos años de ejercicio han ido viendo desaparecer su gozosa implantación en la aulas, sustituida primero por la distancia, luego por la incomodidad, finalmente por el temor y el miedo. La formación en cualquiera de los órdenes que acontezca se basa en el régimen de confianza, de audiencia y obediencia como primer paso; nunca de sospecha. El viejo lema («Addiscentem oportet credere»: «el que aprende necesita otorgar crédito al que enseña»), ha sido sustituido en muchos casos por la distancia crítica de los alumnos, de los padres y de las asociaciones, que reclaman, denuncian y convierten al profesor en un presunto culpable. Del crédito otorgado antes al profesor frente a lo que el hijo dijere, hoy los padres otorgan crédito incondicional al hijo, convirtiendo automáticamente al profesor en reo. ¡Es otro aspecto de aquella «religión de los hijos», que con tanta lucidez y finura describió en su día L. Mateo Díez, y que erige las pretensiones de cierta adolescencia y juventud en norma de comportamiento, soberana frente a cualesquiera otros valores y actitudes! Sin apoyo y confianza de padres y autoridades ministeriales, los profesores se sienten solos e indefensos. Se repliegan a mínimos, piden permisos para otras actividades, reciben bajas por depresión, anticipan jubilaciones y en cuanto pueden se marchan.

La sociedad española está ante el mayor desafío para su futuro: ¿qué valores, esperanzas e ilusiones, quiere trasmitir a las nuevas generaciones? Ahora no educan principalmente las familias ni los colegios, ni la escuela ni la Iglesia, que siempre fueron educadores personales, identificados y responsables de lo que transmitían. Hoy educa la sociedad desde el anonimato de informaciones, productos, ofertas, promesas. La calle, la noche, la música, la televisión ponen a los sujetos ante un mundo virtual que cada vez los distancia más y los hace más incapaces para vérselas con el mundo real, el único que existe con el dolor y el amor, la verdad y la muerte, el pan y el prójimo. Ahora existe una sima abierta entre dos mundos: lo que la sociedad privilegia y premia, y lo que las instituciones intentan enseñar. Lo público vigente contradice lo enunciado como verdadero, valioso y digno en la escuela. Y al final la escuela deja de enseñarlo y se imponen vigencias anónimas y fuerzas competitivas, al margen de la persona, su dignidad y principios. En tal situación es inhumano que haya que proponer la vocación educativa para héroes o quede sólo como un medio de vida, y no de ilusión al mismo tiempo.

Estamos obligados a un triple pacto : pacto social (que permita la existencia y funcionamiento de una red de instituciones educativas que provean a la educación de todos en la igualdad de derechos y en la diversidad de proyectos); pacto moral (que saque a la sociedad, grupos e instituciones de la irresponsabilidad en que viven para implicarse en los principios, valores e ideales de los que quiere vivir y no los deje en manos anónimas); pacto político ( que la educación deje de ser lanza arrojadiza o arado para sembrar semillas exclusivas de un partidos y no propuestas generales socialmente aceptables).

Entretanto nuestro profesor, al cumplir sesenta años, se jubila en su Instituto. Con nostalgia, porque siempre pensó y sigue pensando que ser forjador de hombres es la más bella misión; con desencanto porque no ve logrado el proyecto al que dedicó su vida; con resentimiento porque podría identificar culpas y omisiones, mientras comprueba que se mantiene a la opinión publica entretenida con lo adjetivo de ciudadanías y ocultando los graves problemas de la educación, una legislación en cambio permanente, el abandono o fracaso escolar 30,8 por ciento frente a la media europea (15 por ciento) exigida por la Declaración de Lisboa… ¿Irse ahora que su madurez personal y profesional podría ofrecer a la sociedad los mejores frutos? Ese es su dolor. Y, para no hundir la segunda mitad de la vida que le queda, piensa marcharse a colaborar en el tercer mundo. ¿Le será posible iniciar una nueva vida? Feliz el país que le reciba y culpable el país que le pierde,

Domingo, 21 septiembre 2008 - Posted by | Sociedad

1 comentario »

  1. ¡Puff!, terrorífico, parece ciencia ficción de la que atemoriza por posibilidad…
    Pareciera que la sociedad en cuanto da dos pasos adelante y se confía, retrocede uno al menos, precisamente en aras al orgullo o soberbia que ponemos los humanos en cada uno de nuestros actos o, incluso, de nuestros logros.

    Bicos

    Comentario por Fonsilleda | Martes, 23 septiembre 2008 | Responder


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