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Para mis chorraditas

Soy español

Porque hoy es 12 de Octubre, porqué soy español, porque es mi entrada preferida y porque me da la gana, reedito un texto del año anterior que, salvo por un comentario tardío de Bárbara Paraula, pasó completamente desapercibido.
(Esta vez, y sin que sirva de precedente, la música por delante)
Soy Español, aunque a veces me llame por otro nombre. Porque cuando amanece, y echo el pie a tierra, me alcanza ya ese deseo de hacerme diferente al vecino. De ser otra cosa, lo que sea, más singular, más perfecta, más acabada. Y salgo a la calle sabiendo que son los demás los que están usurpando “lo mío”. Porque en ese afán de hacerme siempre diverso, acabo por sentirme también más legítimo. Y son “los otros” los que en sus ideas, en sus lenguas y en sus costumbres, están profanando un suelo que me pertenece por esencia. Y calculo las indulgencias que han de pagar por transitar mi mundo. Y me propongo convertirles a algo menos hostil, menos ajeno. Sin recordar que soy yo quien cada mañana me esfuerzo en llegar a ser distinto.

Soy Español, le dé o no a mi tierra el nombre de España. Y siento que todos me roban. Que las calles andan llenas de sicarios y traidores, que me apuñalan la patria a cada esquina. Que desean engullirla, enajenarla o repartirla. ¡Qué no la sienten, ni la llaman Patria! O que la llaman por nombres extranjeros y malditos. Y pido entonces tenerlos cara a cara, para hundirles en el corazón la herrumbrosa navaja del fratricidio.

Soy Español, y sin embargo, se me va sosegando el alma en el correr del día. Y al cabo comparto mi pan con los intrusos. Y bebo de su vino. Y me ofendo si alguien me gana la mano en pagar la ronda, porque es mi casa, y en mi casa quiero ser yo siempre el que invite. Y luego sonrío. Y me embriago de una pueril camaradería. Y tomo del hombro al que hace un instante era un feroz enemigo, para entonar con él viejas canciones que a pesar de tanta distancia nos siguen sabiendo a lo mismo.

Soy Español, y al sentir el suelo bajo mis pies oigo el rumor del hambre que nunca tuve. Siento el dolor de una saga infinita de mujeres y hombres que arañaron esta tierra, a medio camino siempre entre la pólvora y la miseria. Y me abrasan la memoria cien batallas que no he vivido. Y muero en Villalar, en Rocroi, en el Ebro, en Arapiles… o al pie de una brecha abierta en las murallas de Barcelona. Y soy entonces el paria que paga con su sangre dos palmos más de linde en el feudo de un conde, en el predio de un obispo, o en el reino de un vulgar monarca extranjero.

Soy Español, y me duele el alma cuando recuerdo de donde vengo. Porque no hay nombre que resuma mejor a los súbditos de la esperanza y del miedo. Respiro en cien lenguas, y cien razas me corren por las venas. Y en cada una de ellas hay un sinfín de voces que no descansan porque aún no saben que han muerto. Y siguen pidiendo paz, sustento, justicia… como quien pide agua en mitad de un asolado desierto. Y me sé entonces el hijo más afortunado de un desdichado pueblo. Y no deseo ya desandar el sinuoso y agraz camino que tantos otros recorrieron en mi nombre.

Soy Español, y cuando miro al norte, sé que aún hay gente perseguida por el delito de serlo. Gente que muere, o calla, o aprieta los puños en silencio, porque hasta la vida les niegan quienes se empeñan en hacerse del todo “españoles”, en el sentido más arcaico y brutal de la palabra. Y aprieto mis puños, y callo, y un poco muero. Porque reconozco en mi estirpe una enfermedad maldita que sólo sabe saciarse en la sangre del prójimo. Y me avergüenzo entonces de amanecer cada día emponzoñado también por el germen del odio.

Soy Español, y cuando atardece, veo perderse al sol más allá de Capraria, por donde hace ya algún siglo que recobró el hábito de acostarse. Y siento entonces a mi alrededor el silente murmullo de quienes habitan conmigo este solar milenario e indefinible. Poetas soberbios y pendencieros con el corazón de acero y seda, que alzan la voz descarados y se ríen del miedo a boca abierta. Capaces a veces de la mejor ternura, o de sonreírle a la desdicha con singular fiereza… Me duermo al fin, y conmigo duerme, la última hornada de un Pueblo imposible, que se sigue acostando bajo una esperanza común llamada “España”.


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De mi amigo Apóstata en su BLOG- La memoria bastarda del afligido

Lunes, 12 octubre 2009 - Posted by | Sociedad

1 comentario »

  1. ¿Ves?, ahora de pronto recordé (luego de enviar el correo) que el otro día publicaste algo haciendo referencia a un “soy español”.
    Vine, pero pensé que sería algo tipo UPYD y, confieso avergonzada que no leí.
    Ahora sé que el texto es lo que es: enorme.
    Ya lo tengo enlazado.
    Biquiños.

    Comentario por Tita | Viernes, 16 octubre 2009 | Responder


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